lunes, 12 de octubre de 2009

Mis relojes son de arena

La frase que da nombre a esta entrada es, a día de hoy, mi nick para el messenger. Es una frase que David DeMaría (a la sazón mi cantante "favorito") repite en la primera canción de su nuevo disco, y que es la que le da nombre: "Relojes de arena".
Hoy se me ha ocurrido el porqué de que esa frase me atraiga tanto. Y es que los relojes de arena efectivamente miden el tiempo de una forma un tanto extraña. Nunca te van a decir la hora que es. Entonces, ¿de qué sirven? Pues sirven para medir un tiempo concreto desde que empieza a caer la arena hasta que cae la última piedrecita a la parte inferior del reloj.
Y aquí en Madrid mi vida es un poco eso: el tiempo que ha de transcurrir desde cada instante hasta el momento en que, sobre todo, llegue a Almería. Aunque sea sólo para un ratito, que no veas lo que valdría para mí ese ratito.
La hora que es en cada momento desde luego tiene importancia. Hoy en día no sabemos vivir sin medir nuestro tiempo. La hora para comer, para ir a clase, para salir de clase, la del despertador... Pero aún más importante que eso, si bien lo es a medio plazo, es para mí lo que resta para coger un tren y llegar a la bellísima estación de ferrocarril de Almería. Que otros llegarán a la intermodal, claro, pero yo prefiero llegar a la de ferrocarril. A fin de cuentas están juntas, que cada cual llegue a la que quiera.
Siendo esto así, mi reloj de arena va a tener que seguir un largo tiempo dejando que la arena caiga por sus suntuosas curvas. Algo así como 10 días. Los que me separan del mundo que realmente siento como mío. ¿Y Madrid? Pues no tengo nada en su contra... pero Madrid, pa' los madrileños.
Y todo esto venía a propósito de una frase, a propósito de una canción. A mí es la que más me gusta del disco... Escuchadla a ver, que es muy bonita.


PD: Me da muchísimo coraje cuando los párrafos salen así, juntos, aunque se hayan escrito separados. ¿Alguien sabe como arreglarlo?

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