Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 11 de marzo de 2026.
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Nacer al columnismo en 2026 no
está siendo nada sencillo. Siento una tensión constante. Cuando inicié esta
humilde aventura, hace ocho textos, lo hice con la intención de desmarcarme en
lo posible de la actualidad más actual. Que las cosas fueran digeridas con
calma, que nos centráramos en los posos del café. También, claro, en las
gracias de Almería: sus tiempos, sus liturgias, sus gentes. Y con esa intención
de fondo sigo. Pero cuando los hechos que nos rodean son de tanto calado y, al
mismo tiempo, tan difíciles de analizar, la columna amable o ligera se siente
menor. ¿Tiene sentido escribirla? Supongo que sí.
El caso es que aquí estamos, en
este aniversario de trágico recuerdo para España y, al mismo tiempo, rodeados
de un mundo que, a cada paso, amenaza con una nueva y dolorosa catarsis. Sin
ser ningún erudito ni conocer a fondo el concepto, en mi juventud fantaseé con
una idea que más tarde descubrí que, como casi todo, ya estaba inventada: el
fin de la historia. Así había bautizado Francis Fukuyama a su pensamiento de
que, finalizada la Guerra Fría entre rusos y americanos, el mundo había
alcanzado, al fin, su última forma política. Entiendo que se referiría a
Occidente o al mundo, por así decirlo, avanzado.
Un mundo sin conflictos bélicos y
en el que predominase la fórmula conocida de democracia liberal con economía de
mercado, parecían las claves para la convivencia pacífica entre humanos.
Hoy, sin embargo, estamos ante un
mundo en ebullición en el que, sí, estamos todos conectados pero en el que,
también, las tensiones parecen ir a más: el rol de Estados Unidos en el mundo,
el clima siempre tenso de Oriente Medio, el nacimiento y auge del islamismo
radical, los grandes movimientos migratorios, la ausencia de natalidad en
Occidente, las dictaduras en Sudamérica, el crecimiento imparable de China, la
paulatina desaparición de la Unión Europea del mapa de las grandes potencias…
¿Quién reordena la partida? ¿Y qué puede escribir un pobre columnista de
provincias al respecto? ¿Cómo hacerse a un lado de tanto ruido geopolítico?
Toca seguir luchando contra todas
estas inercias y hacerme, en lo posible, al monte de mis planteamientos
iniciales. Que para analizar a Sánchez, Trump o Putin sobran voces y altavoces.
Mientras tanto, aquí seguiremos viviendo y disfrutando lo que nos da nuestra
tierra, aunque la mirada al exterior nos deje el corazón en vilo.
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