Leo en el Diario que Educación ha tenido que abrir un nuevo plazo para cubrir 7.285 plazas vacantes de Formación Profesional en Andalucía; entre las familias con más huecos aparecen Administración y Gestión, Hostelería y Turismo, Informática, Agraria y Servicios Socioculturales. En un entorno económico donde muchísimos jóvenes viven dificultades para encontrar el trabajo que desean y, al mismo tiempo, los empresarios nos pasamos los días quejándonos también de lo que nos cuesta encontrar personas preparadas para impulsar nuestras empresas, la noticia es llamativa.
A vueltas con el texto de la semana pasada, en el que escribía sobre la crianza de nuestros hijos y algunas de sus aristas y bondades, el tema de la educación no es un asunto menor. Además, entronca directamente con ese mundo cambiante del que les hablaba.
Con la llegada de la Universidad a todas nuestras provincias y la democratización que ha vivido el acceso a ella, nos encontramos con un volumen de titulados universitarios que el mercado es incapaz de absorber haciendo coincidir formación y empleo. Y es que, además, para muchos puestos de trabajo la formación profesional ofrece una capacitación más enfocada a lo que solemos llamar vida real que la propia formación universitaria, que tantas veces se pierde en lo teórico.
Hace diez, veinte, treinta años parecía mucho mejor idea para nuestros hijos que estudiasen Derecho a que fuesen fontaneros. Hoy, le das una patada a una piedra y te sale un titulado en Derecho y si necesitas un fontanero en casa ponte en lista de espera porque igual hasta la próxima semana no es posible. Lo firma un abogado. Esto se puede extender a muchos oficios y basta seguir un poco la prensa para conocerlo: sectores como la construcción, la hostelería o el transporte no saben ya dónde ir a buscar a los profesionales del futuro… y del presente. Mientras tanto, son muchas veces los titulados universitarios los que terminan ocupando esos puestos, en un sorprendente pero necesario giro del destino.
Y a este panorama súmele usted la omnipresente inteligencia artificial. Que yo no sé lo que va a hacer con los profesionales del Derecho: quizás nos haga más productivos o quizás arrase con nosotros. Pero cuando haya que cambiar un grifo en casa, por más que intente explicarme cómo hacerlo, estoy seguro de que al final me tocará esperar a que venga el fontanero.