Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 26 de agosto de 2026.
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Si bien el lema que en los
últimos años ha utilizado la Unión Deportiva Almería habla de “hijos del
desierto”, los almerienses siempre seremos hijos del mar, por obra y gracia de
nuestra Patrona. Por cierto, “Hijos del mar” es precisamente el nombre del álbum
que editó nuestro paisano David Bisbal hace diez años. Casualidad pregonera.
Almería vive estos días sus
fiestas patronales y, para ello, se viste tanto de flamenca como de refajona y
zaragüel, también de gigantes y cabezudos de diana para despertar a los
distintos barrios de la capital. Todo ello lo hace para expresar su alegría,
sus ganas de vida, quizás también para empezar a despedir otro verano, otro
agosto. Desde el centro al recinto ferial, desde la Patrona al coso de la
Avenida Vilches, todo se presta a ser festivo, a un ambiente relajado, a reducir
la actividad laboral.
Es una feria que aún anda
buscando su sitio en muchos aspectos: la céntrica e histórica del mediodía no
es lo que era, la taurina sigue intentando recuperar el pulso de tiempos
pasados y el ferial ahí está, con salud en muchos aspectos, pero echando de
menos algo de vigor en lo que toca a las casetas y, claro, al mediodía. Pero
dejemos que se estrujen la sesera quienes tienen la encomienda de hacerlo, que para
eso están y, a fin de cuentas, entendemos que manejan todos los datos.
La que no busca su sitio, porque
lo tiene desde hace muchísimos años, es nuestra Patrona y vigía, la Santísima
Virgen del Mar. Ella, que da nombre a tantas cosas y a tantas personas en
nuestra ciudad, es también la destinataria original y teórica de unas fiestas
que cada año esperamos con ilusión, cada uno la suya: los niños por los “cacharricos”,
los jóvenes por sus otros cacharros también, los taurinos por los toros, los
cofrades por la procesión, los festivaleros por el Cooltural, etcétera. Hay
opciones para casi todos.
Y Ella está en su Santuario,
agradeciendo cada visita y devolviendo con gracias cada mirada. A su protección
universal nos encomendamos especialmente los almerienses en estos días en los
que nos sentimos hijos de una talla y una advocación muy concretas, tan
concretas como nuestras. Entre cohetes, fuegos artificiales, charangas y
conciertos, ojalá por muchos años sigamos escuchando ese grito que tanto me
gusta: “¡Viva la Virgen del Mar, viva la Patrona de Almería, viva la Madre de
Dios!”