jueves, 17 de septiembre de 2026

Viva Juan Vivas

La visita del presidente de Ceuta, Juan Vivas, al Hormiguero refuerza la impresión que me había hecho sobre él. Y es que Ceuta y Melilla están ahí, muy cerca de Andalucía, pero a una inevitable distancia. Seguramente por ello, hasta ahora, no le había prestado más atención a Juan Vivas de la que habré prestado, por ejemplo, al alcalde de Jaén. Pero ahora que todos hemos puesto la mirada en esta ciudad al sur de España y norte de África, no puedo evitar ver en Juan Vivas a un tipo sosegado, respetuoso y capaz de llevar sobre su espalda la dignidad de todo un pueblo. Y no de un pueblo cualquiera, sino del dignísimo pueblo de Ceuta.

Este señor se ha encontrado una situación que quizás tenía por posible, pero con matices que le hubieran resultado increíbles por imposibles. Por citar algunos: que el presidente del Gobierno, que acudió a Ceuta el día siguiente de que se desatara esta invasión, optó por irse de vacaciones inmediatamente después. Y, dice Juan Vivas, no han vuelto a hablar. Se ha encontrado también con un ministro del Interior que aseguró que se quedaría en Ceuta hasta que se restableciera la normalidad y huyó tan rápido como pudo. Las declaraciones posteriores de ambos hablando de “situación estructural” o “miedos subjetivos” no ayudan.

Pero hay más elementos del todo increíbles y coincidentes en el tiempo. Cuando durante las últimas semanas varios altos cargos del Reino de Marruecos han venido a reclamar su soberanía sobre Ceuta y Melilla, desde nuestro Gobierno se sigue hablando de Marruecos como un aliado fiel y seguimos adelante con la organización de todo un Mundial de fútbol con ellos. Mundial del que, para más inri, parece que la final se jugaría en el propio país africano. ¿Me puede alguien explicar cómo vamos a organizar un Mundial con un país del que nuestros políticos, esencialmente de izquierdas, esgrimen que sus ciudadanos deben huir mientras ese mismo país pone en duda nuestra integridad territorial? ¿De verdad es oportuno seguir enviando millones y millones de euros al país que, en dicho Mundial, acogería la final en detrimento de España?

La actitud y el discurso de Juan Vivas contrastan, en todo, con los de Pedro Sánchez y sus ministros, que andan tan lejos de la dignidad del primero. Algo parecido le ocurre, por cierto, al líder de la oposición, que no sabemos muy bien dónde anda. Ojalá más tipos como Juan Vivas en nuestra política.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Los Coloraos, hoy

Como cada año, el pasado 24 de agosto tuvo lugar el Acto de los Coloraos. En esta ocasión, la misión de oradora recayó sobre mi querida Fátima Pérez Ferrer, catedrática de Derecho Penal y decana de la Facultad de Derecho de la UAL. En su exposición, brillante y didáctica, regaló no pocas reflexiones que deberíamos rescatar, pues los grandes debates raramente dejan de ser actuales.

Uno de ellos es el de los derechos y libertades de cada uno, también en sus relaciones con el Estado. Podríamos pensar que la democracia cerró esa discusión, pero no está ni mucho menos resuelta. Hay conquistas asentadas, sí, pero también frentes en los que el Estado no es capaz de dar una respuesta suficiente a peticiones ciudadanas que, además, muchas veces son contradictorias.

Cada tiempo tiene sus revoluciones y el nuestro no va a ser ajeno a ello. La convivencia pacífica en nuestro país es un hecho teórico bastante discutible. Nuestra democracia puede ser vista como un tiempo de prosperidad, derechos y libertades, pero nada ha sido gratis. La trayectoria de ETA o los atentados del 11M son hondas cicatrices de nuestros años. Más recientemente, los problemas económicos, el covid o la inmigración y sus desajustes vienen cambiando el escenario de una manera acelerada.

Con todo, el episodio que estamos viviendo con Ceuta aspira a marcar un antes y un después, pues nos sitúa frente a un vecino hostil, Marruecos, al que venimos dando cariño y palmaditas en la espalda en forma de millones y millones de euros. También marca un hito en cuanto a esa sensación, bastante generalizada, de que el Estado está siempre para cobrar, pero no siempre para responder con el mismo interés cuando sus ciudadanos lo necesitan. Los servicios públicos van a menos, el patrimonio de algunos va a más y la respuesta a los ceutíes deja mucho que desear para cualquier mente mínimamente lúcida.

Está quedando, por tanto, en entredicho el papel de un Estado que en unos ámbitos se muestra fortísimo y en otros desesperadamente débil. Fuerte para exigir, regular, sancionar y recaudar con los de siempre; débil para proteger, acompañar y dar seguridad cuando la realidad se desborda. Quizá por eso conviene volver de vez en cuando a los Coloraos: porque la libertad no consiste solo en recordar a quienes murieron por ella, sino en preguntarnos qué Estado estamos construyendo con la que ellos nos ayudaron a conquistar.

jueves, 3 de septiembre de 2026

El final del verano

Llega septiembre y no puedo evitar pensar en cuánta gente andará estos días despidiéndose de su amor de verano. Ah, la mera expresión ya tiene un hondo sabor a nostalgia. Qué bien lo cantaba el Dúo Dinámico: “el final del verano llegó y tú partirás”.

Son los de verano amores inmaculados, sin mancha, sin grandes desafíos, sin retos y sin apenas malos momentos, que quedan danzando en una especie de limbo de la memoria, a medio camino entre el mito y la realidad, allí donde todo es fantasía y las cosas vuelan, como flotando en la ingravidez, porque no pesan. Y no creo que sea una cuestión de edad, que aquí hay sitio para todos. Para todos los disponibles, al menos. Y, en el fondo, tanto da tener quince años, por seguir con el Dúo Dinámico, que sesenta y cinco o los que surjan. Yo mismo, fiel a mi costumbre de llegar tarde a casi todo, conocí esta vivencia a una cierta edad. Cada biografía es el resultado de tantas variables que no podemos cerrar la puerta a las sorpresas.

Estos amores, tan propios del verano y de las películas sobre la Navidad, suelen dejar un grato, gratísimo recuerdo que en modo alguno empaña el curso verdadero de la vida, que trasciende a estas fantasías y es mucho más concreto y tangible, felizmente también verdadero y hermoso. 

Eso que les decía de que son amores sin grandes desafíos o retos, evidentemente no es algo con lo que se pueda calificar al amor de nuestras vidas, que es una realidad mucho más compleja. Por supuesto, sí, con retos y desafíos, pero también con frutos que van mucho más allá de lo idílico y fantasioso: una vida compartida, los logros compartidos, acaso los hijos y nietos. Como se nos suele enseñar, lo que de verdad merece la pena suele requerir esfuerzo.

En estos días en que anochece notablemente antes y, quizás, incluso empieza a refrescar cuando el sol ya desapareció por el horizonte, no puedo evitar mirar con una sonrisa a esos enamorados, chiquillos de cualquier edad, que están a las puertas de una despedida que, aunque dolorosa, con el tiempo será un bonito recuerdo y una experiencia más de cara a lo que la vida les tenga preparado a la vuelta de la esquina.

Si a usted, que ahora me lee, le toca experimentar este trance en los próximos días, vívalo sin anestesia, que es como se ha de vivir. Y confíe en el tiempo que, como escribió Cervantes, “suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.


jueves, 27 de agosto de 2026

Hijos del mar

   Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 26 de agosto de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Si bien el lema que en los últimos años ha utilizado la Unión Deportiva Almería habla de “hijos del desierto”, los almerienses siempre seremos hijos del mar, por obra y gracia de nuestra Patrona. Por cierto, “Hijos del mar” es precisamente el nombre del álbum que editó nuestro paisano David Bisbal hace diez años. Casualidad pregonera.

Almería vive estos días sus fiestas patronales y, para ello, se viste tanto de flamenca como de refajona y zaragüel, también de gigantes y cabezudos de diana para despertar a los distintos barrios de la capital. Todo ello lo hace para expresar su alegría, sus ganas de vida, quizás también para empezar a despedir otro verano, otro agosto. Desde el centro al recinto ferial, desde la Patrona al coso de la Avenida Vilches, todo se presta a ser festivo, a un ambiente relajado, a reducir la actividad laboral.

Es una feria que aún anda buscando su sitio en muchos aspectos: la céntrica e histórica del mediodía no es lo que era, la taurina sigue intentando recuperar el pulso de tiempos pasados y el ferial ahí está, con salud en muchos aspectos, pero echando de menos algo de vigor en lo que toca a las casetas y, claro, al mediodía. Pero dejemos que se estrujen la sesera quienes tienen la encomienda de hacerlo, que para eso están y, a fin de cuentas, entendemos que manejan todos los datos.

La que no busca su sitio, porque lo tiene desde hace muchísimos años, es nuestra Patrona y vigía, la Santísima Virgen del Mar. Ella, que da nombre a tantas cosas y a tantas personas en nuestra ciudad, es también la destinataria original y teórica de unas fiestas que cada año esperamos con ilusión, cada uno la suya: los niños por los “cacharricos”, los jóvenes por sus otros cacharros también, los taurinos por los toros, los cofrades por la procesión, los festivaleros por el Cooltural, etcétera. Hay opciones para casi todos.

Y Ella está en su Santuario, agradeciendo cada visita y devolviendo con gracias cada mirada. A su protección universal nos encomendamos especialmente los almerienses en estos días en los que nos sentimos hijos de una talla y una advocación muy concretas, tan concretas como nuestras. Entre cohetes, fuegos artificiales, charangas y conciertos, ojalá por muchos años sigamos escuchando ese grito que tanto me gusta: “¡Viva la Virgen del Mar, viva la Patrona de Almería, viva la Madre de Dios!”


jueves, 20 de agosto de 2026

No cuesta nada

   Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 19 de agosto de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Ahora que la gratitud no está precisamente de moda, hay que poner el acento en lo bien que suena un “gracias” cuando se percibe sincero y, más aún, cuando viene acompañado de una sonrisa.

Vivimos en un mundo donde cada vez más tendemos a creer que acumulamos derechos, olvidando que también hay unos deberes que hemos de cumplir; o que nuestros derechos deben convivir de manera equilibrada con los derechos de los demás. Tantos derechos creemos que tenemos, que aquello que se nos da o facilita pensamos, sin más, que nos corresponde. De ahí que a la hora de dar las gracias seamos perezosos, cuando no meramente formalistas. Un agradecimiento de verdad es algo que trasciende al protocolo, al mero deber, para convertirse en una sencilla pero hermosa experiencia.

Un pensamiento bien extendido entre quienes dan poco las gracias es aquello de que nadie debería hacer algo buscando agradecimiento. Esto es una especie de resorte que se lanza casi de manera automática cuando se afea la conducta de no dar las gracias, como para dejar claro que el egoísta es quien espera gratitud y no quien ha recibido cualquier favor. No es más que una trampa retórica. No puede ser incompatible hacer las cosas simplemente porque resulten lo correcto o lo mejor, con al mismo tiempo esperar o agradecer, valga la redundancia, un mínimo reconocimiento o un atisbo de gratitud.

Dar las gracias implica reconocer que alguien se ha detenido por nosotros, que ha dedicado tiempo, atención o esfuerzo a facilitarnos el camino. Y eso, en una sociedad empeñada en convertirlo todo en obligación ajena, es algo que tiene un profundo valor. La gratitud nos recuerda que dependemos de los demás mucho más de lo que creemos y, probablemente, mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir.

Se agradece poco al camarero que sirve con amabilidad, al compañero que resuelve un problema que no era suyo, al familiar que siempre está disponible o a quien nos tiene siempre presentes. En nuestro radar, cada uno tenemos muy presente lo que nosotros mismos hacemos, pero ¿tenemos también en cuenta lo que hacen los demás? ¿O nos limitamos a darlo por sentado? A fuerza de repetirse, los favores se convierten en costumbre; y la costumbre, peligrosamente, termina pareciéndonos una obligación. Qué poco cuesta ser agradecido. Y qué bien sienta.


jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipsados

  Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 12 de agosto de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Cuando no cesan las noticias sobre lo que se vive en Ceuta estos días o sobre los terribles incendios que asolan nuestro entorno, resulta fácil dejarse llevar por cuestiones más amables como la del eclipse solar que viviremos este anochecer. Si las gafas son homologadas, o no, qué hacer con los niños durante esos minutos o desde dónde podrá verse con claridad son algunos de los temas destacados. Por el camino, la ministra Diana Morant apuntaba a que nadie vivo en España había visto un eclipse total y sonaba como a apuntarse el tanto de este acontecimiento planetario. Minipunto para Sánchez.

Y entre tanto eclipse y tanto desastre, en Almería es fácil que la conversación vire a algo que eclipsa a todo lo demás: el pregón de David Bisbal a la Virgen del Mar. Nuestro artista ya fue pregonero de la Feria, con lo que no es ese pregón el que va a pronunciar, sino el propiamente dirigido a nuestra Patrona. Estamos ante un potente movimiento por parte de la Hermandad de la Santísima Virgen del Mar que, quizás, no midió del todo las consecuencias de implicar a todo un David Bisbal en un acto que, tradicionalmente, la ciudad vive a una escala muy distinta a la de este año.

Como almeriense, como devoto, como amante del género… todo lo que sea darle repercusión al pregón me gusta, aunque surgen algunas dudas lógicas una vez que empieza a desarrollarse todo: que si se limitan las representaciones del resto de hermandades, que si se sorteará entre los hermanos que quieran asistir la posibilidad de hacerlo, que si la oficina del artista será la que gestione acreditaciones y accesos. Todo ello, quizás, se podría haber evitado si el pregón se hubiera desplazado a otro espacio con más aforo; si bien, a cambio, se vivirá ante la venerada imagen de la Virgen del Mar y con el complemento de emitirse por televisión. Ya saben: sofá, aire acondicionado y la nevera a mano. No lo descarten.

Si a la hora de escribir no acierta nuestro paisano a saber por dónde empezar, me permito recomendarle el pregón que en 2015 pronunciara Francis Segura. No muchos se acordarán ya de él y fue todo lo brillante que cabía esperar de aquel pregonero. Ante la duda, no estaría mal tampoco escuchar un poco de “Ave María”. Y si no funciona, nos seguiremos dejando eclipsar por el último pregón de Semana Santa, aquel adiós prohibido de Daniel Valverde, que sigue estando a un clic de distancia.

jueves, 6 de agosto de 2026

Ceuta en preguntas

 Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 5 de agosto de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Con la situación que hemos vivido en Ceuta, surgen no pocas preguntas. Me permito dejarles un esbozo de las mías:

¿Se puede dar de manera aleatoria y sin un responsable claro el caso de que sesenta o setenta mil personas decidan, en el mismo día, cruzar la frontera que separa a dos países? ¿Es casualidad que esos hechos coincidan en el tiempo con la celebración del aniversario del ascenso al trono del monarca del país del que salen esas personas?

¿Se puede calificar, sin más, de crisis migratoria este fenómeno? ¿Es legítimo pedir tranquilidad y calma a los ciudadanos de Ceuta desde cualquier plató en Madrid o Barcelona? Si usted viviera en Ceuta, ¿qué pasaría por su cabeza ante una situación así? ¿Se sentiría un español más o se sentiría de segunda o de tercera? Y si miramos al otro lado, ¿cuántas personas deben morir para dejar de ser meros peones en el ajedrez de Mohamed VI?

¿Es entendible que el Estado tardase tanto en reaccionar y hacerse presente ante el problema? ¿Podemos pensar, como afirmaba el ministro del Interior, que Marruecos es un socio fiable para España y no una amenaza? ¿Qué le parece que el Presidente del Gobierno se haya ido de vacaciones sin dar más explicaciones? ¿Sabía usted que las vacaciones del Presidente y su esposa cuentan con más seguridad de la que suele tener la frontera? ¿Le gusta a usted la playlist que compartió Pedro Sánchez, en medio de todo este jaleo, con la música que va a escuchar este verano? ¿No le resulta todo esto simple y llanamente obsceno?

Y si hablamos de los roles y papeles que se han desempeñado en los últimos días, ¿qué le parece la actuación del Rey? ¿Podríamos esperar algo más de una institución tan destacada como la Casa Real? ¿Nos conformamos con conocer una supuesta indignación del Monarca o piensa usted que tenía que haber salido a la palestra? ¿Le parece bien que Felipe VI no haya pisado Ceuta ni Melilla por si molesta a Mohamed VI? ¿Para qué sirve un rey que para absolutamente todo necesita contar con la autorización del gobierno de turno?

Cada imagen, cada entrevista a pie de calle, cada ceutí desesperado nos llevará a muy distintas preguntas entre las que puedan estar éstas o muchas otras, si bien la que subyace de fondo es cuánto respeto nos merece, de verdad, la idea de España. Ahí empiezan y acaban la mayoría de reflexiones.


jueves, 30 de julio de 2026

España se quema

 Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 29 de julio de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.


España se quema en estos días de verano en los que los incendios devoran hectáreas sin fin. Circula por redes una imagen que hace alusión a la falta de medios por parte del Estado en momentos concretos: los incendios, la DANA de Valencia, la pandemia por Covid-19, el volcán de La Palma, el apagón, Filomena. Pero los incendios tienen una característica muy distinta al resto de episodios y es que son totalmente predecibles porque se dan todos los años y, más aún, tras un invierno tan lluvioso.

El de los incendios me parece, a diferencia del resto de situaciones, algo estructural que tiene que ver, por supuesto, con el cambio climático, pero muy especialmente con la gestión del monte que se viene haciendo desde hace años en nombre del ecologismo. Basta escuchar a las gentes del campo para entenderlo. Bajo la calificación de reservas de la biosfera o parques naturales o nacionales, nuestras áreas forestales se terminan convirtiendo en zonas intocables donde los ganados no pueden pastar, donde los cortafuegos se reducen a la mínima expresión o donde cortar cualquier planta te puede acarrear un buen problema.

Sumémosle a ello que, si pensamos por ejemplo en los medios aéreos, parece que estamos muy lejos de contar con los hidroaviones que se vienen prometiendo desde el Gobierno. ¿De verdad se puede defender un país como el nuestro con tan pocos aviones disponibles cuando el fuego aprieta?

Cada vez que ocurre un desastre natural de estas características aparece nuestro presidente para hablar del cambio climático. ¿Y qué quiere decir un alto político cuando habla de ello? Generalmente, y de ahí tanto negacionismo, que nos va a colocar algún impuesto o que nos va a restringir alguna libertad adicional. Porque es muy fácil decir que Manolo, que es fontanero, no se puede mover por el centro de su ciudad en su Berlingo de hace 15 años, mientras tú te desplazas en helicóptero para recorrer cien kilómetros o mientras te cruzas el país en Falcon, mezclando agendas personal y política.

Ojalá pronto nuestros políticos escuchen a los vecinos del medio rural y les dejen vivir y trabajar para cuidar de nuestros montes, mientras nos centramos de verdad en tener los medios suficientes el próximo verano. También en endurecer las penas a los pirómanos. Mientras tanto, mi mayor muestra de respeto y reconocimiento para los que luchan contra el fuego sin descanso.