martes, 24 de febrero de 2026

Sabor a sal

El pasado sábado tuve el placer de presentar a Juan Diego Linares Vera, que a su vez presentaba el cartel anunciador de la próxima estación de penitencia de la Hermandad del Calvario, de cara a la Semana Santa de este año 2026. Era la primera vez que Juan Diego se veía en algo así y, la verdad, estuvo muy bien. Yo creo que es de esas actuaciones que deben dar pie a nuevas llamadas en el futuro. A fin de cuentas, se trata de alguien que da sustancia a sus palabras, contenido de verdad, y dice las cosas con serenidad.


Tuve ocasión de glosar a la persona y su trayectoria cofrade, que son de de admirar para mí. Porque sí, porque llevo ya años trabajando a su lado, viendo su nivel de exigencia, la capacidad que tiene para estar en mil cosas a la vez, el esfuerzo que le pone... y todas esas cosas hay que reconocerlas. Y, encima, se trata de una persona para la que no solo existe su Hermandad, sino que existen todas las demás. Que esto último es algo que la gente que trabaja a ese ritmo muchas veces olvida, centrándose únicamente en lo suyo.

Y luego estoy yo que cuando participo de un acto así y tomo la palabra ante una Hermandad, con su titular en cultos, me siento en la obligación de "saludar". Para ello, en esta ocasión preparé una especie de poesía, fiel al estilo del pregón cofrade. Como la referencia era el Santísimo Cristo del Mar, en cuyo misterio se representan las siete palabras, jugué con la literalidad de las mismas, los personajes del misterio, la advocación del Señor, que es una constante, y su barrio (pescar, saetas) y Parroquia (San Roque). El resultado es un texto con rima asonante, predominancia de versos octosílabos y un recorrido palabra a palabra que termina siendo circular, pues el final nos devuelve al principio. No hace falta decir que es un texto pensado para su oralidad y que, además, creo que pedía una lectura viva a la que renuncié por no ser el rol que me correspondía, intentando llevármela a un tono más introspectivo que, por supuesto, se me da mal. Dejo el texto por aquí, ya que le he cogido cariño en estos días.

Tu primera palabra, Señor,
me sabe a sal
A la sal de mis salinas
a la sal que sala el mar
a la sal de tus palabras
con la que quieres perdonar
a quien te hiere de muerte
pues no sabe lo que hará

Tu segunda palabra
me sabe a sal
a sal en tus heridas
a sal, que hoy estarás
conmigo en el paraíso
cuando vuelvas a despertar
buen ladrón canonizado
Misericordia, Señor, piedad

Tu tercera palabra
me sabe a sal
Y le dices a tu madre
que mire a San Juan
y que también es madre suya
y de todos los demás
yo no sé qué estás pensando
yo no sé qué decir más
Ay, tus lágrimas, María
yo las querría secar
lloras lágrimas saladas
a la vera de su mar

Tu cuarta palabra
me sabe a sal
y me duele cuando exclamas
y al cielo imploras ya
y le gritas a tu padre
“Dios mío, ¿dónde estás?
¿por qué me has abandonado
en este trance fatal?”

Tu quinta palabra
me sabe a sal
y para saciar tu sed de vida
te ofrezco todo un mar
de oleajes reprimidos
con su espuma color cal
en la bahía de San Roque
tomo tu red, voy a pescar

Tu sexta palabra
me sabe a sal
y ya todo está cumplido
ya se acerca tu final
y ahora que llega tu hora
y te entregas por amar
no soy digno de tocarte
y me inclino ante tu altar
donde eres pan de vida
donde eres lienzo y eres paz

Tu séptima palabra
me sabe a sal
y ya te vas con el Padre
a tu espíritu entregar
y se raja en dos el cielo
y el templo por la mitad
y miramos a María
y la queremos abrazar
en silencio, compungidos
las saetas callan ya

Tus siete palabras, Señor,
me saben a sal
y te veo en cruz clavado
donde te he visto expirar
y pareces derrotado
pero tu sino es ganar
yo sé bien que al tercer día
te vuelves a levantar
Magdalena es testigo
de tu triunfo y majestad
y entonces podré decirlo
—no me voy a equivocar—
que la sal que me traías
al verte crucificar
no era más que sal de vida
Tu sal, Cristo del Mar



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