jueves, 7 de mayo de 2026

Sofás negros

     Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 6 de mayo de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Hubo un tiempo en el que un tanatorio de nuestra ciudad me llamó la atención por su mobiliario de colores y formas amables. Recuerdo sillones curvos y de color verde o gris claro. Quiero incluso recordar vivos naranjas en algunas piezas del mobiliario, otros marrones agradables. Aquello, conjugado con sus grandes cristaleras y la luz de Almería pasando a través de ellas, con frases emotivas escritas sobre las paredes, hacía del conjunto un lugar que me resultaba cálido y reconfortante. Al poco de abrir, estuve allí para despedir a mi propio abuelo y pude percibir cómo el lugar invitaba a sentirse reconfortado. Ahora, la mayoría del espacio abierto entre las salas de velatorio y los grandes ventanales lo ocupan unos voluminosos sofás de riguroso color negro. Puro cliché. La sensación que transmite es de un cierto retroceso.

Es un lugar al que no me gusta ir. Entiendo que no gusta, en general. Pero con otros tonos y otros sillones se me antojaba más amable, diferente, inesperado. Ahora es convencional y lo que hace es más convertir la muerte en un trance a superar que una celebración de la vida. Y es que, aunque duela, en la mayoría de los casos el rato de velatorio debería ser una celebración de la vida que se ha acabado, pero que recordamos con cariño, con afecto, con una sonrisa. Hay muertes con las que esto parece humanamente imposible, lo sé; pero incluso en esos casos cabe, de alguna manera, ese pensamiento.

Es muy difícil gestionar la muerte, no sabemos bien cómo hacerlo. Por un lado, tiene un punto de tabú, como si nombrarla la atrajera. Por otro, es un momento de gran dolor para los más allegados al difunto. Tantas veces no sabemos qué decir ante ella. Resulta curioso, sobre todo si consideramos que es algo de lo que nadie escapa: todos pasaremos por ella. Desde el inicio de la humanidad, las distintas religiones y creencias buscan darle respuesta, sentido, pero al final cada persona hace lo que buenamente puede cuando llega el momento de sufrir o acompañar. Quizás no hagan falta grandes discursos ni las mejores palabras. Un gesto o una mirada pueden resultar balsámicos. También una sonrisa.

Si yo pudiera elegir, devolvería al lugar su aspecto cálido, lo llenaría de vida en todos esos elementos para hacer contrapeso a tanta muerte como pasa cada día por esas estancias. Veo esos sofás negros y pienso que el mobiliario correcto también sabe dar abrazos.


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