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jueves, 1 de junio de 2023

Mi Pregón de la Esperanza

La Hermandad de la Macarena de Almería, además de nombrarme su pregonero para la Semana Santa de 2023, tuvo a bien pedirme una especie de introducción para incluirla junto al pregón en su boletín cuaresmal. Para ello envié el siguiente texto:

Queridos amigos, ser pregonero de la Hermandad de la Macarena de Almería ha sido y es para mí un honor y algo que siempre llevaré a gala, por el orgullo que me provoca. El fruto de todo ello es el texto que sigue a estas líneas y la defensa que de él pude hacer el pasado 19 de febrero de 2023. Defensa que, por cierto, nunca hubiera sido igual sin la colaboración necesaria de Lolo Simón al piano, Daniel Valverde en el turno de quites y Juan Diego Linares en mi presentación. 

Del pregón en sí puedo decir que he querido seguir en él una estructura similar a la de una faena taurina, incluyendo los nervios de la previa, la soledad del hotel y rematando todo (o intentándolo) por alto como buenamente se pudo. Creo que es algo que encaja con la Hermandad, que encaja conmigo y que me permite cumplir un objetivo principal que me propongo siempre que recae en mí una tarea de este tipo: escribir lo que únicamente yo escribiría. Busco así la originalidad y la honestidad.

Como tengo la costumbre, o el defecto, de explicarlo todo mientras escribo, el Pregón alberga pocos misterios para quien lo lea. Sí puede merecer la pena señalar, aunque resulte evidente, que en el turno de los quites se intercalan dos textos rimados: en el que abre se muestra al Señor de la Sentencia como ese torero capaz de enfrentarse al peor de los destinos (el mejor de los toreros / torea y no esquiva su suerte / siempre a pecho descubierto / ya trae sentencia de muerte); en los versos que se intercalan jugamos a recorrer el Miércoles Santo de la mano de la Esperanza Macarena, siguiendo su itinerario y evocando algunas de las sensaciones propias e inevitables de la jornada.

Por otro lado, el pasaje de Claudia Prócula parte de una duda real, de una pregunta que en ocasiones me he hecho y termina vinculando a macarenos y ángeles custodios, pero, si bien estos son el principio y el final del fragmento, lo que el cuento esconde es un piropo encendido a las madres en la persona de la Virgen María. Intenté hacerlo con la brevedad y la intensidad que encajar el texto en la pieza musical “La Esperanza de María” me exigía y quizás por ello no haya conseguido que el mensaje cale tanto como me gustaría. Quería dejar constancia de ello.

Si quieren que juguemos a un juego, les invito a buscar en el texto dos guiños: el más evidente, a Federico García Lorca; otro, apto para los amantes del género, a Rafa Serna. 

Por lo demás, insisto: ser pregonero de esta Hermandad ha sido un regalo muy especial. He disfrutado escribiendo y abstrayéndome del día a día con esos intentos de estrofas, con ese cuento, con esos recuerdos, con esas confesiones, con esa desnudez; y todo ello para, finalmente, volver a sentirme uno más entre vosotros, macarenos. Con el deseo de que tanto a vosotros como a mí, no se nos vaya nunca el verde de la mirada; porque querrá decir que estamos mirando en la dirección adecuada.

Entre estos párrafos y el pregón está todo dicho sobre un texto que ha sido muy soñado y muy trabajado, con el que he querido jugar desde ese género del que me considero firme defensor y devoto como es el pregón cofrade. Por eso quise acompañarlo de música en directo, por eso quise que un fragmento fuera compartido con otra voz (¡y qué voz!), por eso crucé dos poemas, por eso introduje un cuento, etc. Porque creo que todos esos recursos son huecos por los que respira a futuro el "arte" de pregonar si quiere seguir enganchando a más cofrades o, al menos, no desenganchando a los que ya tiene cautivos. Salir a un atril a leer textos anodinos, piropos inverosímiles o meras batallitas personales creo que no es el camino. Al menos no es el que a mí me gusta.

Os dejo enlace al texto y el vídeo del momento:




viernes, 5 de agosto de 2022

Motes

En estos días me andaba acordando de mi abuelo Victoriano y de su costumbre de ponerle mote a muchas cosas: negocios, barrios, pueblos. 

Cuando yo era bien niño, solía ir con mis padres a un bar de Aguadulce que se llamaba Calas Park. No sé de dónde tomaba el nombre, ni la de años que llevará cerrado. El caso es que hay un resquicio de Google Maps que todavía hoy, a través de Street view, permite confirmar que se llamaba como se llamaba y estaba donde estaba, pues creo que no hay mucho más rastro de todo ello por internet:


Yo creo recordar que el señor que lo regentaba junto a su familia se llama Antonio. O se llamaba, que tampoco lo sé. Allí solían estar también su mujer y su hija. Estoy bastante convencido de no haber olvidado la cara de los tres. Como decía, íbamos mucho y guardo con cariño, al fondo de mis recuerdos, algunas anécdotas del sitio. Recuerdo jugar alguna vez echando moneda a su máquina recreativa; recuerdo tapas de lomo, pincho y jamón; me recuerdo con mi padre echando carreras en los soportales; también llevando las bebidas de mis padres de la barra a la mesa mientras Antonio, el del bar, me decía que el truco era mirar hacia adelante y no a las bebidas que ya estaban a punto de derramarse. También recuerdo a un perro que solía andar por allí con su dueño y que era de estas razas típicas de la caza de las que nunca me aprenderé el nombre.

Mi infancia, feliz, transcurrió con mis padres, ya que en la práctica yo no tuve hermanos. Al menos hasta que naciera mi primo y resultara útil para el juego algunos años después. También, por supuesto, con mis abuelos: el de los motes y su señora. Él no ha estado por aquí durante los últimos ocho años, con lo que se ha perdido, también ahorrado, un par de cosas. Pero sus motes nos siguen acompañando y apostaría lo que tengo a que mañana nos volveremos a reír citando algunos de ellos: trasculín, el charco roto, la contrahecha, el Toledo-Moraleda. Prefiero no transcribir la forma en que él llamaba al vecino municipio de La Mojonera, si bien es cierto que se ceñía con magistral simpatía a una de sus posibles literalidades. Como yo empecé a ir al Calas Park antes de aprender a leer, mi mote para este bar era el de "el bar naranja", quizás nunca fui demasiado original. Y nunca terminé de entender porqué mi abuelo lo llamaba como lo llamaba, aunque, como de costumbre, los años terminan despejando la ecuación: el calasparra. 

viernes, 31 de diciembre de 2021

Ciao 21

Ninguno de los hitos que han terminado por marcar mi 2021 entraba en mis cálculos hace justo un año, el 31 de diciembre de 2020. No sé si soy yo o somos todos los que andamos sumidos en una incertidumbre constante desde que a principios de 2020 la vida, como la conocíamos, cambió.

¿Cuáles serían esos hitos? Seguramente el primero de ellos sería ese liarnos la manta en la cabeza a nivel familiar para que la empresa que no en vano lleva el nombre de mi padre dé un saltito más. El momento de adquirir un señor local en el entorno más céntrico de la ciudad y al que hay que hacerle -está en curso ahora- una señora reforma tiene ese punto de vértigo que ese tipo de decisiones, supongo, requiere. Cuando de aquí a unas cuantas semanas, meses, la reforma finalice y traslademos las oficinas a su nueva ubicación en Gerona 15 cambiará sustancialmente nuestra forma de trabajar, que ya de por sí cambia día a día, nuestra percepción del equipo y la propia percepción que clientes y amigos puedan tener de la propia asesoría. Y éste está llamado a ser, a su vez, uno de los grandes hitos de mi 2022 y casi que de mi década.

El segundo de esos momentos diferenciales vivido en 2021 bien podría ser el lanzamiento de mi querido guardabrisas a las ondas el pasado mes de septiembre. No muchas semanas antes era algo imprevisible, pero en una conversación más o menos casual con Víctor Hernández Bru conseguí ganarme su confianza para proyectar algún tipo de espacio cofrade en la emisora que él gestiona (esRadio Almería, claro). En no demasiado tiempo El Guardabrisas cogió forma como espacio semanal y hoy es una realidad más o menos consistente a la que Daniel Valverde y José Antonio Sánchez, junto con quien escribe, dan un realce y un empaque que no desmerece del resto del panorama informativo cofrade almeriense. O eso creo. Y si desmereciera, debo decir que lo pasamos bastante bien y con eso me quedo.

El tercer momento clave de este año tuvo lugar el 30 de octubre. Sin muchos perejiles, con poca familia y pocos amigos, me casé con Belén. Una boda muy en tipo covid, en un paréntesis de los pocos tan despejados que nos ha brindado esta incesante pandemia que tiene mucho de real pero en la que los medios de comunicación y los propios gobernantes deberán valorar algún día si no se están excediendo. El caso es que, hablando en primera persona y singular, volví a casarme no demasiado tiempo después de haber vivido una experiencia algo traumática y mis cicatrices tengo. No me considero ejemplo de nada, aunque algunos buenos amigos me hayan dicho cosas parecidas; lo cierto es que creo que he tenido mucha, muchísima, suerte y Dios dirá.

Total y como decía al principio, un año vivido a base de momentos difícilmente imaginables al final de 2020. Por el camino muchas otras cosas: mi entrada en ese mundo tan curioso que es BNI, la renovación de la junta de gobierno de mi Hermandad con otra Semana Santa más frustrada, el premio La Hornacina con todas sus derivadas, las amistades que se afianzan, el centro de entrenamiento personal empezando al fin a funcionar y, muy especialmente, cada día, cada instante, cada recuerdo con los míos y sobre todo con el mío, con Mateo, un niño increíble y una responsabilidad apasionante en la que seguir moldeando lo que, a Dios gracias, bastante bien venía ya de fábrica.

Si el 2021 ha sido tan inesperado, cualquiera juega a adivinar lo que va a traer el 2022. Ya hay alguna pincelada con el tema de la oficina, quedamos expectantes a ver qué se puede hacer el próximo Domingo de Resurrección (que ya está bien la bromita) y nos asomaremos a un nuevo año, en fin, con el corazón dispuesto a lo que venga pero pidiendo siempre mucha salud y mucha vida. Lo demás, en lo posible, correrá de nuestra cuenta. Feliz 2022.



lunes, 6 de abril de 2020

Sueño de Lunes Santo

Hace media vida, o 3 años, pronuncié mi pregón para Pasión, en el que terminaba describiendo una ensoñación cosida a base de los retales de algunos lunes santos ya pasados, lo que me recuerda mucho a la situación actual. Por ello, con toda humildad, en este Lunes Santo de 2020 rescato aquel final por si a alguien reconforta:

Andaba escribiendo todo esto en una de las tantas tardes y noches que le he dedicado a este pregón cuando, en un momento dado, el cansancio debió vencerme y debí quedarme dormido. Y tuve un sueño: un sueño donde se mezclaban sin ton ni son elementos del pasado y del presente, junto con otras de esas cosas que solo ocurren en los sueños.

Amanece el siempre ansiado Lunes Santo y yo he vuelto a mi casa en este barrio: mis padres ya se han ido al trabajo diario cuando en esa realidad paralela yo me despierto y a toda prisa levanto la persiana y miro al cielo. Su azul celeste me tranquiliza y me invita a preparar con ilusión mi particular altar de insignias. La camiseta, la sudadera, el pantalón, los calcetines, todo blanco, como mi costal. La faja, burdeos para combinar con el palio de mis desvelos, aporta la nota de color junto con las dos estampitas de los titulares y la bolsa de caramelos. Lo dispongo todo con cuidado y con respeto, que hoy… hoy tenemos pelea. 

El día pasa con la prisa del que ansía: tras un almuerzo ligero y con las palabras de ánimo de cuantos me quieren en la mochila, cuando me quiero dar cuenta voy camino de la Iglesia con mi papeleta de sitio entre los dientes. Entro al templo y vuelvo a comprender un año más lo que significa la palabra Hermandad: cuánta gente reunida para dar público testimonio de fe, la nave central de nuestra Parroquia está llena de gente que viste hábito morado, mientras el equipo de priostía da los últimos retoques a esos indescriptibles altares que son los pasos de nuestros Titulares. 

A los costaleros nos mandan que nos vayamos haciendo la ropa para colocar el paso de palio justo a los pies del altar de Santa Teresa. Revisados los costales, el capataz canta la alineación para el inicio del partido y ocupamos nuestros puestos bajo las trabajaderas. En la intimidad y el silencio del lugar, la primera levantá capta todas las miradas y mientras los inminentes nazarenos aplauden nuestro esfuerzo, a nosotros los kilos nos dan la primera bofetá. ¿Tanto pesaba?

Llega la hora, con puntualidad británica se abren las puertas y la marea morada se abre camino entre la multitud como auténtico pueblo de Dios y bajo su mandato: siguiendo a la cruz. A la voz de su capataz vuela Cristo tres veces caído y se percibe la emoción cuando gana las jambas de la gran puerta que separa lo sagrado y lo mundano. Apenas le vemos iniciar la revirá de la salida a sones dolientes de tambores y cornetas y ya nos llaman a los del palio para que nos coloquemos, una vez más, en nuestro lugar bajo la trabajadera. Bajo la peana de la Reina del Lunes Santo hay murmullos, hay oraciones y hay palabras de ánimo. Pero sobre todo hay ganas de volar. El palio roza el cielo, la calle se vuelve un clamor y el latir de mi corazón se acompasa al redoble de los mismos tambores que me dormían cuando, con apenas unos meses de vida, mi abuelo les hacía cobrar vida en su garganta.

La de Rafael Alberti, la del Canónigo Molina Alonso, la del poeta García Lorca, la del Marqués de Comillas, la del General Tamayo, el Paseo. Mis calles de diario, las que me guían primero camino del trabajo y más tarde camino del hogar, parecen las mismas de cada día pero hoy son diferentes: se ven de otra manera, se respiran de otro modo. Son testigos de excepción de la puesta en escena más perfecta que se puede contemplar. A la carrera oficial llegamos como llegábamos los del chupete: con una revirá que dura lo que dura una Madrugá para que el Paseo se vuelva un surco de alabanzas labrado por los pies de quienes dan forma al sueño morado. 

Ricardos, Siloy, Real, Lope de Vega y el palmeral que hace de pórtico de entrada a la Catedral de la Diócesis. ¡Cuánta gente cabe en esa plaza y ya, a estas alturas, ni un alfiler! Y de ahí a la Patrona por la estrechez del Cubo. El encuentro soñado de Jesús con María del Mar, que también es su madre y la de todos los almerienses. Pocos momentos son más esperados que el encuentro anual de nuestro Señor con nuestra Patrona.

La Cofradía, descontando los minutos, sigue avanzando en su regreso y se adentra en lo oscuro de la noche mientras el palio de los Desamparados se recubre con ese halo de melancolía que adorna a los palios cuando rezan de vuelta. “¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?”.

En la soledad que la noche nos propone en Gerona, Plaza Circular y Canónigo Molina Alonso, María y yo no caemos en desánimo alguno sino que vamos cogiendo fuerzas de donde no quedan para el final deseado y temido al mismo tiempo: sabemos que cuando nos acerquemos a las puertas de Santa Teresa, en ese cruce de caminos que, como les decía, cobra dimensión de plaza de barrio, habrá una multitud esperando su llegada, quieren despedirse de Ella en la calle hasta la siguiente primavera.

Y es que todo llega. Y en los ecos de mi mente aún resuena, suave y muy al fondo, como esas melodías que no reconoces pero que rápidamente te devuelven a la magia de un instante ya vivido, una última marcha que perfila el rostro primero de la madrugada.

Con sus notas acariciamos la última revirá que es también el final de mi Pregón. Qué bella suena la música y qué armonioso suena el vaivén de las bambalinas con la mecida que sus hijos le damos a su palio en el silencio de otra expirante noche de Lunes Santo.

Última levantá en la calle y Tú, Señora, subes la rampa sin perder la cara a tus devotos; se desbordan las emociones, hay 30 corazones que te llevan en volandas aun cuando el esfuerzo ha superado ya la barrera de lo posible. 

Arriba, en el abarrotado silencio del templo, te esperan todos los tuyos, los que en la tarde-noche de otro Lunes grabado a fuego en la sangre de tu gente te han acompañado por Almería y, entre ellos, yo lo sé, destaca uno. ¡Qué guapo está aunque esté caído!, se le nota en la cara que piensa “qué bien, que mi Madre también ha venido”. 

Un último himno nacional vuelve a poner el cronómetro a cero; las puertas se cierran, todo parece haber terminado y la espera empieza de nuevo.

Ante tu paso, abrazos, fotografías, lágrimas, sonrisas de satisfacción y de alivio: el deber cumplido. Y yo, que en la escena no soy más que el producto de un íntimo y viejo sueño mío quedo equidistante entre el Hijo y Tú, su bendita madre.

Y en un momento,
en apenas un instante
Nadie se ha dado cuenta, 
Pero tu hijo consigue mirarte.
Ha levantado la cara
¡Qué esfuerzo tan loable!
Y se cruzó vuestra mirada
¿Cómo no enamorarse?
Y las lágrimas se han ido
Y en el pecho de esta Madre
Ya se olvidan los dolores
¡Déjame que te lo cante!
Una rosa ha florecido
De tu pecho ya ha nacido
Y ha venido para quedarse
Qué alegría tan inmensa
¡Yo no quiero despertarme!
Fui testigo del Amor
En ese instante, te lo juro
Ha sonreído mi Señor
Arrancando de mi alma y de mi cuerpo
Todo rastro de desolación
¡Qué esperanza tan hermosa
Esta bendita ensoñación!
¡Qué estremecimiento, qué alegría!
¡Cuánto gozo en esta bendición!
Y es que si toda la vida es sueño,
-Como el poeta ya intuyó-
Que el sueño de este hijo
Se llame siempre ¡Pasión!

viernes, 21 de junio de 2019

Mix de evocaciones.

Ah, el cine. No hace falta ser, o eso pienso yo, demasiado cinéfilo para engarzar recuerdos y emociones con determinadas películas o escenas. O para sentirte puntualmente representado por personajes de ficción.

Hace unos días volví a disfrutar del directo de mi admirado David DeMaría, esta vez en Almería, y pasé todo su concierto dándole vueltas a una misma idea. El concierto comenzó con una entrevista previa en la que el artista se confesó enamorado de su hijo Leonardo. Y yo, que llevo tanto tiempo reconociéndome a mí mismo ante esa misma frase, enamorado de mi hijo, no pude sino recordar al personaje magistralmente interpretado por Emma Thompson en Love actually, Karen, que afirma que fue la cantante Joni Mitchell quien le enseñó a sentir. Y yo no paraba de darle vueltas a esta madeja porque a mí debió ser, en suerte de paralelismo, el propio David quien me enseñó a sentir a través de sus canciones (Presagios, Barcos de papel, El callejón del duende, Relojes de arena, Días imaginarios, Bienvenido a la vida, etc).

Aunque, no está de más decirlo, por más que cantara al desamor, hubo cosas que no aprendí a sentir; quizás para eso haya servido la octava temporada de Juego de Tronos: un compendio de sentimientos, emociones y enfoques. Un compendio de humanidad, por tanto.


En la escena que queda ahora sobre estas líneas, Karen (Emma Thompson) constata fehacientemente que su marido, Harry (Alan Rickman, que en paz descanse), le es infiel o al menos la tiene engañada. Ciertas evidencias permiten obviar la percepción por los propios sentidos de la consumación de los hechos. El caso es que la música que empieza a sonar es una estupenda canción, precisamente, de Joni Mitchell: Both sides now. Estoy seguro de que Cuartango, uno de mis columnistas de referencia, sabría encuadrar perfectamente esto de las certezas no sensorialmente confirmadas en la corriente filosófica adecuada; se admiten sugerencias.

Por cierto, ya que hablaba de Juego de Tronos, una actriz que hace poquito reconocía en Twitter lo que le marcó Joni Mitchell es Carice Van Houten, Melisandre o la mujer roja en la ficción.

viernes, 26 de abril de 2019

De rojas corbatas.

El primer año que Juan Diego Linares se puso al frente del paso del Resucitado, como capataz, yo habría sido su auxiliar junto con Juan Castro, pero el destino prefirió que tuviera que hacer la procesión a muletas. Hablamos de un lejano año 2008. Esto lo recordaba Juan Diego el último Domingo de Resurrección al pedir a los costaleros que me dedicaran una levantá, por ésa y por otras cuestiones, un último año difícil, etc.

Los momentos que se viven junto a un paso son siempre especiales; no tienes el privilegio de ser costalero, pero ves lo que ellos ver querrían. Yo, pegado al respiradero, he visto a gente llorar al paso de la imagen que portaban los míos; he podido golpear el martillo que cierra la Semana Santa; he podido sentirme privilegiado durante cada instante que pasé con la cuadrilla de Jesucristo Resucitado.

Pero todo llega a su fin y qué bonito cuando es por decisión propia, aunque no sea fácil. Juan Diego Linares deja el martillo del Resucitado y yo lo dejo con él. Pasarán los años y habremos tenido el privilegio de dirigir la primera cuadrilla de la Hermandad, que no la primera cuadrilla de su titular. Pero "tanto amó Dios al mundo que..." entendemos que hay que encomendarle esta dulcísima tarea a otra persona.

Fuimos los capataces -permítanme que lo diga así- que lucieron con orgullo corbatas rojas. Esto no siempre fue entendido, quizás tampoco lo sea ahora, pero a mí me parece la mejor forma de mandar ese paso un Domingo de Resurrección. En esta Hermandad no hay sitio para el luto... ni para las reglas que vienen dadas sin más y, al menos aparentemente, carecen de sentido.

Es difícil saber si el año que viene los capataces del Resucitado llevarán corbata roja, negra o de cualquier otro color. No tengo claro que la Hermandad deba imponer esta cuestión, aunque sí tengo claro que no me gustaría que esas corbatas fueran negras. ¿Qué piensa usted, mientras lee estas líneas?

La despedida fue muy emotiva, lloré poco para lo que querría haber llorado. Han sido años muy felices, Domingos de Resurrección muy felices en los que yo además he llegado a estar bajo la trabajadera. "¿Qué voy a hacer yo el próximo Domingo sin ti?" le dije a uno de estos costaleros de los que tan orgulloso me siento. Se cierra nuestra etapa, pero ojalá dure muchos años y sea exitosa la etapa de las rojas corbatas, las corbatas de la Resurrección del Señor de la Vida.


Juandi, Juan, Pepe... ha sido un placer. Espero que vosotros, como yo, os hayáis cargado de Resurrección (y por tanto de Vida) para lo que viene.



lunes, 8 de abril de 2019

Lunes de Pasión.

Y entre tanta fe, la duda. Tras cada caída, otra más. Y ante tanto amor, otra vez, la duda. Porque yo no sé entender lo que me dices; tanto, que a veces hasta dudo que me hables a mí. Porque yo no entiendo ese lenguaje tuyo que me plantea tantas preguntas, sin saber yo si son ciertas las respuestas. 

Y si hoy, ¡hoy que acudo a buscarte!, tú no estás donde siempre me esperas; tiene que salirme un ¿por qué? Y no me digas que no es ahí donde debería buscarte. ¿Acaso no lloré bastante? ¿Acaso no te he llorado a ti también? Que yo fui tuyo, como otros, antes de que nadie lo hubiera sido. Y yo, que fui tuyo, seguí siendo tuyo desde la distancia. En cada lágrima, en cada rezo, en cada recuerdo. ¿Y Tú? Que ya sé que sobre ti no pesa la exclusiva que yo sí quise darte, que ya sé que de todos eres Madre; pero no entiendo tener que compartirte. ¿También, Tú? Y no me atrevo a desafiarte. Que ni puedo, ni quiero. Pero tengo que preguntarte. Y escucho risas al hacerlo; ¿y qué les dices Tú a los que se ríen? Que yo, de no entenderte, hay días que más no puedo. ¿Y ellos? ¿A ellos no les hablas? ¿Ellos no te preguntan? ¿No tienes nada que decirles? ¿No tienes nada que decirme a mí para ayudarme a entender?

Pero hoy que acudo a buscarte, precisamente hoy, tu sitio está vacío y tu paso es pura espera en la nada del tiempo que corre sin ti. Y yo, que te andaba buscando, me fui de vuelta con el portazo que da tu ausencia, con el sinsabor de estos tiempos insípidos en los que ya no sé lo que quieres decirme, lo que quieres que aprenda, lo que quieres que haga. ¿Qué más podrías querer que hiciera, si así me lo pones todo aún más difícil? Y no hay más en mí que un ¿por qué?

Si ya sabes que vivir perdonando lo imperdonable es agotador, ¿qué quieres decirme ahora? ¿Qué otra frontera me planteas? ¿He de levantar otro muro, el que menos me esperaba? ¿Acaso juego a ser gigante cuando mis pies no son más que dos muñones de barro? ¡No te entiendo! Y de nuevo te lo digo: no me digas que no es ahí donde debería buscarte, si así es como aprendí a quererte. No me digas que Tú no estás en las pequeñas cosas, si es ahí donde aprendí a rezarte.

Y no te entiendo. Con lo que yo te di. Con lo que Tú me diste. Hoy, cuando acudí a buscarte y Tú no estabas, es lunes de Pasión, que es como llaman a tu hijo. ¿Cómo no iba a preguntarme yo mil cosas? ¿Cómo no preguntarte a ti también? Aunque deba disculparme por mi atrevimiento.

Y viene a mi mente el final de una estrofa de Don Antonio, sin recordar el principio, para al buscarla asombrarme al dar con ella:

Nunca, nunca serás mía
-ni lo quiero- en exclusiva.
Me basta sentirte viva 
y junto a mí. No habrá día 
que no sueñe la alegría 
de seguirte venerando. 
Y te seguiré buscando 
por veras de mi locura, 
con la esperanza insegura 
de hallarte… de Dios en cuando. 

Pero aun así, de verdad, no te entiendo.

viernes, 8 de febrero de 2019

Correr, ser más rápido que tus fantasmas.

Pensar que mi vida sería más o menos como la planeé es, quizás, la mayor temeridad que nunca me permití. Pero así lo creí, a pies juntillas. Cuando un cambio agita y rompe una convicción tan firme y profunda, surgen emociones y sensaciones absolutamente nuevas. Resumiéndolo mucho, estoy hablando de ansiedad. Supongo que en ese inmenso mar de azares que somos cada uno, en cada mente y en cada cuerpo, la ansiedad podrá manifestarse de un modo diferente. En mi caso, la describiría como un algo inmaterial que me abrazaba y oprimía (cual Estado opresor) la boca del estómago. Seguro que la mayoría de mis lectores conocen una sensación similar.

Y de manera casi imperceptible durante cada tarde esa presión iba a más, a más, a más... hasta que se volvía casi insoportable. En ese estado recibí un consejo simple y certero: "deporte o pastillas, pero mejor deporte". Amén, a correr se ha dicho.

Y esto de correr, lo que ahora llamamos running, a mí me ha salvado. Porque ha sido mi válvula de escape, pura medicina. Y es que verdaderamente he usado esta actividad como si de una pastilla se tratara: en lugar de encenderme un cigarro o de tomarte cualquier píldora de lo que sea, me cambiaba de ropa, me calzaba las zapatillas... y a trotar por las calles. Para mí ha sido absolutamente determinante salir a correr cuando me faltaba el aire y recuperar con ello una cierta paz mental y espiritual que, finalmente, se traducía en dejar de sentir presión en la boca del estómago. 

Tener ese rato de desconexión, de escuchar música, de pensar en todo y al mismo tiempo no pensar en nada, de llorar incluso mientras corres... Yo quedo profundamente agradecido a lo que este deporte me ha dado, que no son grandes tiempos, ni grandes anécdotas, ni tan siquiera grandes amigos (nunca he vivido de lleno la experiencia de pertenecer a un club)... "tan solo" me ha dado paz, lo que necesitaba. Y es que es así como los fantasmas propios, tan interiorizados en tantos momentos, parecen quedarse atrás cuando corres. ¡No pueden seguir el ritmo!

Y bien sabe Dios que soy propenso a lesionarme, como sabe bien también que en algunas etapas recientes de mi vida me he currado mucho el poder volver a correr. Quizás por eso para mí es importante disfrutar de un trote al aire libre: porque sé lo que es no poder hacerlo.

A día de hoy es difícil que sienta esa ansiedad, así que ya no corro en busca de calma. Corro en busca de sentirme bien, de ser mejor, de llevar un estilo de vida saludable, de disfrutar en lo posible... Y corro, ¿por qué no?, para ser un buen ejemplo para quien viene por detrás, el que me ayuda a dar un poquito más de mí cuando las cosas se ponen difíciles. Y es que al final, con running o sin él, es el amor vertical el que todo lo puede.

P.D.: para quienes alguna vez habéis sentido una cierta inquietud por probar esto de salir a correr y lo habéis dejado, o estáis empezando y no os termina de enganchar... yo os invitaría encarecidamente a ver MARATON MAN. Es un programa de Movistar + presentado por Raúl Gómez. Si después de unos cuantos episodios sigues sin ganas de correr, tenlo claro: búscate otro deporte.

miércoles, 9 de enero de 2019

Mi fe (parte 3: gente que no ayuda)

Lejos en el tiempo queda ya aquella parte 2 sobre mi fe, publicada a mediados de septiembre en este mismo blog. Es un tema que merece siempre una reflexión seria y sobre el que no siempre es fácil escribir. Hoy paso a la parte 3, dedicada a un rasgo sumamente importante de la Iglesia Católica: la humanidad de sus miembros. Sobre ello escribo a continuación: desde los hechos más repulsivos, hasta otras cuestiones mucho más cercanas. Y es que...

...cuánto daño y cuánto dolor cada vez que se destapa algún caso de abusos de menores en el seno de la Iglesia. Y no porque se destape, claro, sino por su existencia. Ojalá nunca hubieran existido estos asuntos, ni en la Iglesia ni fuera de ella; pero una vez que existen, deben ser destapados y perseguidos hasta las últimas consecuencias. Estamos hablando de uno de los delitos (¡y pecados!) más graves que pueden existir.

La Iglesia católica es una institución humana: gobernada por personas y esto no requiere mayor explicación. A lo largo de la historia ha acumulado una colección notable de errores graves, consecuencia sin duda de esa condición humana y de su antigüedad. ¿Qué otras instituciones tienen su volumen y longevidad? Pero esto, por penoso que sea, no puede nunca hacer que la fe se tambalee.

Bajando a un terreno mucho más próximo, no es difícil pensar en esa persona que acude a Misa con asiduidad y no hace "nada" bueno al cabo del día. Hay mucho hijo de puta en las primeras filas de las iglesias, si me permiten la expresión. Seguro que todos hemos visto a personas decir que acudían a un templo a rezar y escuchar a Dios, mientras únicamente tenían ojos y oídos para el diablillo que se les posaba sobre el hombro. Sé de lo que hablo.

Gran Poder 05
Basílica del Gran Poder, Sevilla.
Pero ni mi fe, ni la de nadie, puede depender de estos individuos. A fin de cuentas, tampoco nosotros somos perfectos, por más que al menos conservemos la vergüenza. La fe depositada en Cristo encuentra en la Iglesia el mejor, que no el perfecto, vehículo para la conversión; pero también para conocer la debilidad, y en muchos casos hasta la miseria, de la naturaleza humana.

En todos sitios, y la Iglesia no es una excepción, hay gente maravillosa y auténticos despojos de seres humanos. ¿Cómo podría eso condicionar la fe de nadie? ¿Cómo vas a tener que alejarte de la Parroquia de tu barrio, o mirar mal a un cura, porque otros hayan hecho X cosas? También hace la Iglesia una labor humanitaria a lo largo y ancho del Mundo y no por ello tendría nadie que creer en Dios, a fin de cuentas existen "otras" ONGs con una labor encomiable.

En fin, alcemos la mirada y no nos dejemos turbar por tanto canalla. 

lunes, 13 de agosto de 2018

Mi fe (parte 2: ver a Dios)

Una de las cuestiones más difíciles a la hora de tener fe o dejar de tenerla, es la ausencia de la experiencia sensorial. Resulta evidente que ver a Dios o escuchar su voz con tanta claridad como todo lo que escuchamos a lo largo del día simplificaría enormemente la cuestión. Si vemos, creemos. Si tocamos, creemos. Si escuchamos, creemos. Pero si nos falta todo eso, todo se vuelve harto difícil.

El arte ha intentado ayudarnos en ese camino pero, obviamente, no es suficiente. Cuando vemos una pintura, una escultura o un relieve sabemos que no estamos viendo más que creaciones humanas, por mucho que nos acerquen a la idea de Dios o al sufrimiento que pudiera padecer Cristo en su pasión y muerte.

La Eucaristía, que para los católicos es (o debería ser, aunque este jardín me viene muy grande como para profundizar más) presencia real de Cristo, tampoco nos soluciona el problema porque al tacto y a la vista no deja de ser un producto elaborado por el ser humano.

Con todo este potaje, ¿dónde vemos a Dios? ¿dónde podemos escucharle a Él? Ahí va la cursilada: hay que verle con el corazón, porque no está disponible a la vista.

¡Con lo fácil que sería, suponiendo su existencia, que se manifestase! Pero no, ese recurso lo podemos dar por perdido: no aspiro a vivir ninguna aparición que me arrebate la poca cordura que me queda.

El Dios de Miguel Ángel
Pero esto de verlo con el corazón no parece tan descabellado, ¿o sí? Yo ya escribí AQUÍ que Dios se me hizo visible en la primera ecografía de mi hijo. No vi a un señor con barba blanca, ni con firme mirada, ni con un dedo apuntador hacia ninguna parte; no vi nada de eso, pero sentí que veía a Dios. Es muy difícil explicarlo más allá de como ya lo he explicado; y lo cierto es que el fenómeno, en ocasiones, se me repite. Cuando veo a mi hijo durmiendo plácidamente en su cama, en algún lugar al fondo de mi cerebro se me antoja que estoy ante un altar, hasta el punto de que podría arrodillarme y rezar tranquilamente, incluso mejor que en una Iglesia. ¿Eso es ver a Dios o estar mal de la cabeza? Espero que mis lectores tengan piedad de mí y no respondan a esta pregunta.

jueves, 9 de agosto de 2018

Mi fe (parte 1).

Me pidieron en Instagram que escribiera sobre mi fe, contando de dónde viene o dónde la encuentro; y parece que el tema suscitó un poco de interés.

Veréis, mi fe es uno de mis mayores tesoros. Junto a mi hijo, mis padres, el resto de mi familia, mis amigos de verdad. Es, por tanto, algo que cuidar y defender; lo que no siempre es fácil.

En el origen de la fe de cada uno hay un factor fundamental que es quién te la hace llegar o cómo te llega. En la Andalucía donde yo crecí lo natural es que a muchos niveles la fe católica fuese la opción principal, quizás incluso la única, a la hora de "escoger" religión y tiene, por tanto y en mi caso, un origen concreto en las bases de mi educación tanto a nivel académico como familiar. Existe, además, en esa Andalucía de la que hablo una fuerte relación entre religión y cultura que se asienta en la Semana Santa, las cofradías y en muchas cosas más: el arte, los monumentos, muchas frases y coletillas populares e incluso muchos gestos individuales que alcanzan gran proyección: por ejemplo, el futbolista que se santigua cuando salta al campo.

Clavius, de la película "Resucitado"

El caso es que desde niño asumí esta fe, la mía, como verdadera y por eso siempre digo que la educación ha sido fundamental en ese camino. Pero todos sabemos que no basta con eso: son miles y miles las personas que en el mismo entorno y con una educación similar han desistido y han perdido esa fe o simplemente la han descartado. ¿Entonces?

Entonces, la respuesta es compleja. Algo debe haber en mí que me lleva a creer. No sé si es una necesidad de pensar en una vida trascendente, no sé si es alguna intuición de paz interior o, sin más, alguna intuición de Dios, ¡no lo sé! Sé que en este camino me ha ayudado mucho leer ciertas cosas, pensar algunas otras y vivir mi fe en comunidad: yendo a Misa con cierta frecuencia, recibiendo algún tipo de formación, participando aunque sea ligeramente en la vida parroquial, siendo muy activo en el asunto de las cofradías, etc.

También es cierto que siempre me rodeé de personas creyentes. Aunque esto es un arma de doble filo y probablemente otro día lo explique mejor.

Como el texto va saliendo largo, le van saliendo aristas, se va enredando; voy a partirlo aquí, no sin antes dejar un fragmento de mi último pregón (al menos hasta la fecha), que es el que dediqué a la Virgen del Carmen hace apenas unas semanas:

Mi fe, mi religión, la que también es la vuestra, no es un esquema de creencias orientado a la resignación, la del que con tono casi angustiado dice “que sea lo que Dios quiera”. Mi fe es la fe de la esperanza, la del que dice eso mismo pero con una sonrisa dibujada en el rostro y en el corazón. ¡Que sea siempre lo que Dios quiera! Pero, al mismo tiempo, como expresa el sabio refranero español: a Dios rogando y con el mazo siempre dando. Yo no lo veo de otra forma. Porque en Dios no dejo caer todo mi peso para descansarme sobre Él, no, Dios se parece más a la piedra en la que me apoyo para levantarme; o al bastón que, cuando piso terreno poco firme, me ayuda a no tropezar. Pero Dios es mucho más que eso: es la fuerza trascendente que ordena mi vida y da sentido a mi existencia. 

Me quedan cuestiones para siguientes textos: ahondar en las dificultades que plantean otras personas en mi fe; rescatar y reflexionar de nuevo en torno al instante en que vi a Dios y dónde lo puedo seguir encontrando día a día; darle una vuelta a cómo son mis conversaciones con Él y, de manera especial, las tres cosas que más fervientemente le he pedido en mi vida; y, si soy capaz, unir la fe y la existencia de Dios con una cuestión de lógica del pensamiento a la que me he adherido hace bien poco: la navaja de Ockham. También, y esto va a ser muy difícil, querría dejar escritas un par de cosas sobre lo cofrade y su relación no siempre correcta con la fe. Todo, como siempre, desde mi personal punto de vista.

miércoles, 18 de julio de 2018

Exaltación de Nuestra Señora del Carmen Coronada

Fue algo totalmente inesperado, la verdad. No entraba en mis quinielas. Pero allá por marzo el Hermano mayor de la Hermandad del Carmen de las Huertas, como es llamada cariñosamente, me comunicó la decisión de su Junta de gobierno de designarme pregonero para el inicio de sus cultos de 2018.

Desde ese momento hasta la lectura del Pregón, mi vida dio un par de vueltas no deseadas, la verdad. Total, que pude rescatar recuerdos de tantos años en Aguadulce, precisamente en el mirador que da nombre a este blog, disfrutando de la Patrona del barrio cuyas fiestas se celebran siempre a mitad de julio.

Este camino de dar pregones es, cuando menos, curioso. Hay mucho disfrute tras la responsabilidad que por momentos incluso se torna en una cierta angustia derivada precisamente de la inquietud que genera el no saber si lo que estás preparando gustará.

Pero la vida me va enseñando que cuando las cosas se hacen de corazón, con buena intención, ya estás un paso más cerca de que salgan bien.

Dejo el texto por aquí, para quien guste:



sábado, 24 de marzo de 2018

Yo he pregonado al costalero.

Cuando el 27 de septiembre de 2017 un par de llamadas telefónicas me proponían dar el "Sí" a la posibilidad cierta de pregonar al costalero en la Cuaresma de 2018, temblé. Y no hay en esta afirmación nada de exagerada ni de incierta, fue así tal cual.

Y es que el Pregón del costalero, que ya ha cumplido con el mío su XXXIII edición, es uno de los actos de referencia en la Cuaresma de Almería. Por tradición, por el lugar en que se organiza, por la envergadura de la Hermandad que lo procura, por no ceñirse a una Hermandad y ser abierto al resto. Por lo que sea. Verme ahí, con poco rodaje en estas lides, ha sido una experiencia única que me ha hecho sentir feliz y afortunado. 

Creo que no voy a olvidar nunca, nunca, que este Pregón lo inicié muy a mi pesar acordándome de un Gabriel Cruz al que en aquellas horas pensábamos simplemente desaparecido. Poco más de una semana después descubrimos que ya llevaba unos días muerto tras ser vilmente asesinado. Su desaparición y muerte ha sido algo que nos ha marcado a todos los almerienses. Seguiremos adelante, por supuesto, pero en el principio de mi Pregón siempre estará escrito su nombre, acompañado de la esperanza entonces viva de que apareciera. He rezado y seguiré rezando por él, por su descanso, por su familia y por todos los que le han conocido y querido.

Volviendo al pregón, soy muy pesado, lo sé, pero tenía claro que poner por delante a mi querido Daniel Valverde sería elevar el listón del acto antes de tiempo pero, a fin de cuentas, él era el pregonero anterior y yo quería darme el gustazo de tener una presentación mía escrita por él. Por ello y porque no podía ser otro quien me presentara, fue un lujo verme acompañado de tan ilustre amigo y pregonero.

No puedo sino destacar también el trato que se me brindó en todo momento desde la Hermandad de las Angustias, antes, durante y tras el Pregón. Incluso el propio Consiliario de la Hermandad, D. Tomás Cano, tuvo para mí unas palabras que le agradezco enormemente. Guardo también con especial cariño las palabras de José María Campos, él sí que lo ha pregonado ya prácticamente todo en Almería y sabe mejor que nadie de qué va esto. Fue una pena, eso sí, que problemillas de salud impidieran a David Colomera, el Hermano mayor, acompañarnos en aquella tarde noche. Estoy seguro de que le hubiera gustado estar, tanto como a mí que hubiera estado.

Por lo demás, quiero aprovechar que tengo un blog (ea) para agradecer a quienes me acompañaron aquella tarde su cariño y a quienes después me han felicitado su aprecio. 

El próximo Jueves Santo espero seguir disfrutando de la Hermandad de Angustias, de la que como cofrade tengo mucho que aprender.

Por lo demás, a partir de hoy mi Pregón se hace verdad en las calles y serán los propios costaleros, hombres y mujeres, quienes deban pregonarse a sí mismos en su labor silente y anónima entre faldones. Que sus pasos sean oraciones bañadas de esfuerzo y sudor. Ya está aquí la primavera, el renacer de la vida y la Resurrección por tanto, y a ella también hay que rendirle su particular pleitesía. Que Cristo y su Madre os premien el esfuerzo. 




jueves, 28 de diciembre de 2017

Meditador ante el Tres Caídas de San Isidoro

Aún escribo estas líneas emocionado por mi designación para pronunciar la meditación cuaresmal ante N.P. Jesús de las Tres Caídas, de San Isidoro.

Hace apenas unos minutos, hoy 28 de diciembre y festividad de los Santos Inocentes, el Hermano mayor de la Antigua e Ilustre corporación hispalense me ha telefoneado para comunicarme la decisión de su Junta de gobierno y proponerme tal encargo. Parece ser que voy a ser el primer almeriense y, es más, el primer nacido fuera de la provincia de Sevilla en recibir esta distinguida designación.

A pesar de estar ya comprometido con la Hermandad de las Angustias de Almería para el XXXIII Pregón del Costalero de Almería, me ha sido imposible negarme a participar de tan destacado acto en la Cuaresma sevillana con esta Hermandad a la que pertenece mi familia sevillana, que también la tengo.

Será por tanto una Cuaresma a reventar de momentos memorables por esta meditación previa al Besamanos del Señor y muy especialmente, eso sí, por el ya mencionado Pregón del Costalero para la Semana Santa de Almería, una cita que ya espero con especialísima ilusión y de la que ya me separan menos de dos meses.

Más información en el siguiente enlace:

http://trescaidas.org/no/telocreas


martes, 24 de octubre de 2017

Un año de un momento único.

Hace exactamente un año, recibí una de las llamadas más emocionantes de mi vida. La Hermandad de Pasión a través de su Hermano mayor me proponía ser su pregonero para la Cuaresma de 2017. Lo demás es ya Historia de mi vida. Y como prefiero repetirme a quedarme corto en el agradecimiento: gracias a Ricardo Salvador por ser tan partícipe y protagonista de este regalo que forma ya parte de cada latido de mi corazón.

Para celebrar este pequeño aniversario, me permitiré la osadía de compartir con quien guste de leerlo el texto de mi pregón para mi querida Hermandad de Pasión.

Espero que agrade a quien lo lea.


martes, 6 de junio de 2017

Yo he sido pregonero de Pasión

El tiempo templa los sentimientos y difumina los recuerdos, planteando con ello un difícil equilibrio a la hora de contar algo importante que ocurrió en el pasado.

Yo he sido pregonero de Pasión y no he dejado rastro alguno de lo que viví, de lo que sentí. Hacerlo en la semana posterior hubiera sido difícil, dejarlo mucho más dificultaría el relato. Han pasado poco más de dos meses y me empieza a preocupar seguir dejándolo, así que vamos allá.

Lo que para mí ha sido siempre la Hermandad de la Pasión históricamente lo he sabido yo y prácticamente nadie más. Desde el 25 de marzo lo saben algunos más, pues creo que mi pregón no fue más que eso: exponer lo que Pasión y sus Titulares son para mí, lo que han supuesto en mi vida. 

Sentirse pregonero es sentirse importante para un grupo de personas. A pesar de ello, creo que en Almería no hemos sabido darle a esto del pregón la importancia que merece, o a lo mejor es que quienes hemos pronunciado un pregón, en general, no hemos sabido hacernos acreedores de una mayor atención. Pero lo cierto es que escribir un pregón y subirse a un atril a defenderlo tiene un trabajazo tremendo a poco que quien lo haga lo afronte desde la responsabilidad. Yo no imaginaba la cantidad de horas que terminaría dedicando a este asunto.

Mi pregón para Pasión llegó a tener más de 8.000 palabras, aunque felizmente las reduje a poco más de 6.000. Fueron, lo tengo cronometrado, 40 minutos de lectura emocionada de unas palabras que salieron de lo más íntimo de mi corazón trabando emociones, removiendo recuerdos, agrandando afectos y borrando algún que otro desplante.

Me propuse que mi pregón tendría que ser el pregón que nadie más le podría escribir a Pasión y el pregón que yo mismo no le podría escribir a otra Hermandad. Y lo conseguí, porque fue muy mío y muy Pasión. Tan mío que se me fue un poco de las manos y terminé temblando ante mi audiencia, con la voz esfumada y los ojos inundados. Pero, ¿cómo no iba a asumir ese riesgo si estas cosas pasan una vez en la vida? Y parte de la culpa la tiene mi presentador, Ricardo Salvador, quien con una sencillez exquisita supo rascar donde muy pocos llegan a rascar. Claro, él sabe tanto de mí que en un momento me esbozó tal cual soy, con las cosas que me emocionan.

Eso sí, una vez que se toma la palabra debo decir que viví los 40 minutos más rápidos de mi vida. Es increíble la velocidad con la que pasa el tiempo mientras que lees el texto que con tanto cariño has preparado. 

En definitiva, se trató de algo inolvidable, algo que destacará siempre en mi biografía personal y un regalo enorme que me hicieron los miembros de la Junta de gobierno de Pasión, con quien me propuso a la cabeza, que pensaron que este hermano que ni tan siquiera se había impuesto la medalla podía hacer un pregón, el vigésimo, a la altura de una Hermandad que es santo y seña de la elegancia y el buen gusto en nuestra querida Almería cofrade.

viernes, 24 de marzo de 2017

Pregonero de Pasión

A estas alturas y si me lees en cualquier red social ya debes saber que mañana tendré, Dios mediante, el inmenso honor de pregonar a la Hermandad de Pasión, de Almería; Hermandad a la que pertenezco desde 1995, el mismo año de su erección canónica.

Si miro hacia atrás, han pasado 5 meses desde que mi teléfono sonara para proponerme esta bendita locura. Si miro hacia adelante, me queda 1 día para que llegue ese momento tan anhelado como temido; y es que todas las cuentas atrás terminan encontrando su final, incluso la mía.

La verdad es que si antes del pasado 24 de octubre me hubieran preguntado si me veía algún día pregonando a una de nuestras hermandades, creo que hubiera respondido un tímido "ojalá". Y si me hubieran preguntado por Pasión, difícilmente me lo habría podido imaginar. Así que no es que los sueños se cumplan, es que a mí se me va a cumplir si Dios quiere algo que ni me atrevía a soñar. ¡Gracias!

Ahora lo único que deseo es estar a la altura de lo que se me propone y cubrir las expectativas de quienes me hicieron este regalo.

Si te animas, el 25 de marzo a las 20.30 en los salones parroquiales de Santa Teresa un humilde cofrade sin pedigree ni trayectoria estará a punto de tocar el cielo con las manos sobre un atril.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Me huele Córdoba



Hubo un tiempo en el que quise ser poeta y conseguí dar lástima. Ahora quiero decir cosas, mis cosas; y como muchas de mis cosas son cofrades y los cofrades somos barrocos, para seguir de algún modo los cánones establecidos, vuelvo a la rima y al verso. No soy especialmente habilidoso ni se me da demasaido bien, tampoco recuerdo las grandes lecciones de métrica, pero me gusta darle mi ritmo a lo que escribo y que lo que escribo signifique algo: que no sea rimar por rimar. De hecho, casi prefiero el ritmo sobre la rima, aunque tantas veces para que el ritmo sea bueno considero que la rima es necesaria.

Disculpen el párrafo anterior.

Recupero ahora unas letrillas que llevan escritas muchos meses, demasiados. Les cambio un par de cosas (cualquier momento es bueno para cambiar alguna letra hasta que las palabras son dichas o publicadas) y las comparto. ¿Por qué ahora? Porque no es que duela menos, no debe ser eso, pero sí que duele distinto. Salud.

Ya no huele Córdoba a jeringos,
ni a infancia de papel.
Tampoco a animales enjaulados
ni a su Arcángel Rafael.

Ya no huele a sutil azahar ni a primavera
ya no sé ni a lo que huele
pero huele más a despedida
que a recordar una vida entera.

Me huele Córdoba a llanto y a quebranto
A sordos tambores sin cornetas
Me huele a un adiós sin despedida
Pudiendo, te diría tanto.

Huele a lo que no me olió ninguna vez
Huele tanto que huele a ayer
A recuerdos de niño y vejez
A sonreir ahora, como por última vez.

A lo lejos la Mezquita
Apunta hacia donde estás
Nos vemos pronto, no lo olvides
Firma tu nieto, sin más.

viernes, 18 de noviembre de 2016

A Gracia y Amparo



Cuando el pasado 22 de octubre presenté a Daniel Valverde Miranda con motivo de la XVII Exaltación Mariana celebrada por la Hermandad de Coronación, fue para mí un enorme privilegio saludar públicamente a María Santísima de Gracia y Amparo del siguiente modo:



Ave, María, mira que estás guapa

Dios te salve llena de gracia, regálanos tu amparo

El Señor es contigo, es en ti y sin ti no sería

Bendita tú entre todas las molineras

Y bendito siempre el fruto de tu vientre:

Jesús de Humildad y Paciencia

María Santísima de Gracia y Amparo

Madre de Dios, elegida por el mismo Dios,
obra predilecta de su creación

Tú, que ayer acogiste a nuestros pequeños y, en ellos, a nosotros

Tú, que floreces cada mes de octubre y te vuelves rosa encendida de primavera cuando el otoño ya pasea por nuestras vidas

Tú, que aquí naciste gitana y yo, yo te veo cada vez más refinada

Tú, que al final de todos los caminos que llevan a ti te vuelves centro y principio de todas las cosas

Tú, que en este templo estás posada a la derecha de tu Hijo y esperas siempre nuestra visita, la que casi nunca llega

Tú, que llenas tu paso de palio y lo haces tan gloriosamente tuyo que no queda en él un hueco donde posar la mirada, salvo Tú

Tú, que te levanta la valiente, que te lleva la valiente, que te trae de vuelta la valiente y yo, que pienso que para valiente ya estás Tú

Tú, que embelesas la mirada, que enamoras los corazones, que arrebatas las pasiones, que eres pura, inmaculada

Tú, y a ti que te cantaré, cantaré, cantaré…

Ruega por nosotros, cofrades, sí, pero pecadores

Ahora y siempre hasta la hora de nuestra muerte

Amén