jueves, 8 de octubre de 2026

Una mili natural

La llegada del otoño nos pone sobre la pista del pausado pero firme caminar de la naturaleza. Sigue haciendo calor, pero van llegando las lluvias. Nos gustaría que fueran más suaves, que tamizaran el paisaje como una especie de rocío sordo, pero demasiadas veces bajan reclamando para sí las ramblas que llenamos de desechos. El paisaje va cambiando del verde al ocre, para llegar a los naranjas y marrones. Los ciervos, con sus bramidos, se lo han recordado también a quienes han dejado de mirar al horizonte.

Y es que Almería, tan de playa y de verano, tan del desierto y del Cabo de Gata, conserva otros pulsos en sus sierras, donde es frecuente cruzarse con jabalíes, ciervos, cabras, perdices. No abundan como en Cazorla o en Gredos, pero esas especies cinegéticas tan clásicas de nuestro país están también entre nosotros, enriqueciendo nuestro entorno con esa belleza tan suya, que acaso nos pareciera exótica, en el corazón de nuestra provincia.

La naturaleza, a su manera y con o sin cambio climático, sigue su curso por más que nosotros nos hayamos separado de su camino. Tiene gracia que esto lo diga un urbanita convencido, pero a veces basta con mirar alrededor y observar. Hemos olvidado los cambios propios de las estaciones, no nos afecta cuál sea la fruta de temporada porque casi siempre hay de casi todo, no sabemos a qué hora amanece ni la luna que nos acompaña cada noche. Comemos cosas que no sabemos de qué están hechas pero saben bien y nos las preparan en un periquete y para llevar.

Uno de los síntomas que más me llama la atención de esa separación que mantenemos con la naturaleza tiene que ver con el sueño. Vivimos alargando las noches, ya sea por ocio o por obligación, e intentamos conciliar el sueño tantas veces a deshoras. Es cada vez más normal ver a chavales tomando bebidas energéticas para mantenerse despiertos en cualquier momento del día. Los adultos somos algo más clásicos en ese sentido y, en demasiadas ocasiones, abusamos del café. Por la noche, en cambio, muchos necesitan pastillas para poder dormir.

Quizás necesitemos no solo que vuelva la mili, sino que ésta incluya una estancia de al menos un mes en un pueblo. Contemplando amaneceres y anocheceres, escuchando el campo, conociéndolo, recorriéndolo, aprendiendo de quienes habitan y conservan el medio rural y desconectándonos, aunque sea por unas horas al día, de la corriente digital dominante.

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