jueves, 10 de noviembre de 2016

Recuerdo con gusto y sonrisa.

Recuerdo con gusto y sonrisa la noche que nos regaló el cielo de San Lorenzo de El Escorial, aquel septiembre de aquel año, cuando las noches ya entregaban el frescor que el calor le le había robado al día. Un cielo oscuro y despejado de nubes servía de escenario para que decenas de aviones en busca de la tierra o del cielo de Madrid adornaran el firmamento con luces de distintos colores: es curioso verlos y pensar cuántas personas van en ellos, cuántas ilusiones, cuántos miedos, cuántos sentimientos tan humanamente humanos. ¿Pensaría alguno de los pasajeros de todos esos aviones lo mismo al mirar hacia abajo y ver la oscuridad poblada de luces?


Pero en nuestra terraza, la del hotel, todo era ilusión. Yo, mi, me, contigo. Cuando ni tan siquiera éramos uno. Cuando ni tan siquiera en nuestro guión figuraba el deseo de ser tres. Qué ilusión tan distinta aquélla, qué ilusión tan bonita es también ésta.


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