martes, 24 de octubre de 2017

Un año de un momento único.

Hace exactamente un año, recibí una de las llamadas más emocionantes de mi vida. La Hermandad de Pasión a través de su Hermano mayor me proponía ser su pregonero para la Cuaresma de 2017. Lo demás es ya Historia de mi vida. Y como prefiero repetirme a quedarme corto en el agradecimiento: gracias a Ricardo Salvador por ser tan partícipe y protagonista de este regalo que forma ya parte de cada latido de mi corazón.

Para celebrar este pequeño aniversario, me permitiré la osadía de compartir con quien guste de leerlo el texto de mi pregón para mi querida Hermandad de Pasión.

Espero que agrade a quien lo lea.


lunes, 28 de agosto de 2017

25 años sin Camarón.

Hace unas semanas se cumplían 25 años del fallecimiento de José Monge Cruz, Camarón de la Isla (San Fernando, 1950 - Badalona, 1992). Me acordaba yo de mis primeros recuerdos relacionados con el genio de la Isla. El primero es de la noticia de su muerte y mi abuela explicándome lo malas que son las drogas. El segundo, es el de mis padres volviendo de Barcelona y regalándonos a mi primo un cassette de los Back Street Boys (recuerdo el nombre del disco, "Black and blue") y a mí un recopilatorio de dos CD's de Camarón de la Isla. Las cosas como son: aquello me sentó regular nada más. A mí el flamenco me sonabay me siguió sonando durante mucho tiempo, a gritar muy fuerte, y muy ronco, y con muchos "ay, ay".

Con el tiempo y tras muchos kilómetros escuchando aquellas canciones en el coche uno se fue aficionando a las más animadas: "Como el agua", "Volando voy", "Rosa María". Y precisamente creo que eso es lo que yo y muchos le debemos al gitanillo tímido y rubio de la Isla: que nos fuera metiendo poco a poco en el flamenco gracias a su modernización.

Yo no puedo glosar los cantes de Camarón: no tengo juicio para ello. Pero de todo lo leído -de nadie he leído más biografía que de José- deduzco el genio que habitaba en ese cuerpo enclenque y ajado por constitución y por la mala vida. 

Camarón editó "La leyenda del tiempo" en junio de 1979, un disco en el que contó con Tomatito, Raimundo Amador, Kiko Veneno, letras de García Lorca... Una locura. En la Wikipedia se lee -y lo doy por cierto- "Un disco revolucionario, que espantó en un primer momento a los puristas". Hay que ser muy especial para salir al mercado con algo así.Afortunadamente y con los años, "La leyenda del tiempo" ha terminado siendo considerado un disco como la copa de un pino y creo que todo un hito en la historia del flamenco que, con certeza, hoy sería muy distinto sin esta aportación de Camarón.

"Los que lo han escuchado y no les gusta mucho, yo creo que tienen que escucharlo más porque está muy bien conseguido"; "es distinto, porque el flamenco puro es una cosa y el flamenco pop es otra, entonces yo el flamenco puro como lo llevo dentro, lo tengo dentro y lo saco cuando quiera... entonces si encuentro posibilidades de hacer otras cosas y de salirme un poco... pues ¿por qué no lo voy a hacer?"; "es un flamenco pop, flamenco".  Son declaraciones del propio cantaor un año después de lanzar al público "La leyenda del tiempo". Yo me quito el sombrero ante la segunda.

Fotografía: El País
Coincidiendo con ese 25 aniversario Canal Sur hizo una programación un tanto especial donde se habló del Camarón artista destacando su faceta como músico entendido hasta niveles insospechados, e incluso como guitarrista. Personalmente y aun dejando de lado la normal exageración de las virtudes de un difunto, máxime cuando ha llegado a ser considerado prácticamente una deidad por miles de gitanos y no pocos payos, algo de oido debió tener quien tanto bien hizo a su género musical incluso mezclándolo con instrumentos propios de otras culturas, llegando a cantar flamenco, por ejemplo, con la Royal Philarmonic Orchestra, de Londres.

El Camarón taurino, el Camarón familiar, el Camarón enfermo... fue sin duda una persona con muchos prismas y muy interesantes al que, desde luego, las drogas hicieron de menos. ¿Qué hubiera sido de este hombre con mejor salud? Qué pena que haya quien hace de la droga su negocio hundiendo la vida de tantas y tantas personas que, quizás por ser débiles, han pagado con sus vidas todos los platos rotos.

miércoles, 5 de julio de 2017

¡Cuidao!

La presentadora en una pose muy torera,
le falta el capote.
Hoy, en el telediario del mediodía en Cuatro, la presentadora Carme Chaparro ha anunciado la singular dureza de las imágenes que a continuación serían emitidas.

Para mi sorpresa, no se trataría de la liberación de un famélico Ortega Lara, ni de una brutal pelea a las puertas de una discoteca o junto a las vías del ferrocarril, tampoco sería un bombardeo en Siria, ni un ahorcamiento de homosexuales en cualquier territorio donde el Daesh se ha dedicado a ello, ni el cadáver de un niño a la orilla del mar. Se ve que esas imágenes son todas deliciosas o, cuando menos, muy normales y aceptables, casi enriquecedoras.

Lo que han mostrado a continuación han sido dos toros de los que llaman embolados, con fuego en los extremos de sus pitones, y encajonados de un camión instantes antes de ser soltados en las fiestas de sabe Dios qué municipio del, imagino, levante español.

Y no es que yo sea amante de esas fiestas, que no lo soy; pero que en el telediario avisen de la dureza de esas imágenes cuando día tras día nos muestran sin escrúpulo lo que es capaz de hacer el ser humano con sus congéneres es, desde luego, la enésima prueba de que nos estamos yendo a la mierda.

lunes, 19 de junio de 2017

En la muerte del Torero.

En la muerte del Torero, del héroe de esta tragedia, son muchos los que han quedado tristemente retratados. Con la experiencia de lo que ocurrió hace poco menos de un año con el fallecimiento de Víctor Barrio tras caer a merced del astado al que toreaba aquel fatídico 9 de julio, nos encontramos ahora con la caída de Iván Fandiño mientras realizaba un quite al toro de su compañero. 

Como aficionado a la Fiesta, ambas pérdidas me han producido una gran tristeza. Como cuando ha fallecido un futbolista, un piloto de motos o coches, etc. Cuando alguien joven y famoso fallece haciendo aquéllo por lo que sientes afición, verdaderamente recibes un buen golpe. Pero más allá de lo evidente, lo verdaderamente doloroso de todo esto no es tanto lo que el fallecido sabía y aceptaba como posible, a pesar de lo terrible del desenlace, sino el tratamiento que algunos agentes absolutamente podridos de esta sociedad dispensan a la memoria del caído.

Yo no conocía a Víctor Barrio; seguro que había leído su nombre en algún sitio y habría visto alguna foto suya, pero no conocía ni su tauromaquia ni su trayectoria. El caso es que esto no me supuso obstáculo alguno para sentirme herido en lo más profundo de mi ser por algunas de las barbaridades que entonces leí celebrando la muerte del Torero. Incluso, en el colmo de la lesa humanidad de los engendros que se escondían tras alguna cuenta de Twitter o Facebook, los había que se atrevían a citar expresamente a la siempre admirable viuda de Víctor Barrio, Raquel Sanz, por si había alguna opción de que se quedara sin leer la absoluta barbaridad que nacía de sus mentes enfermas.


Esta vez, con la tristísima noticia del fallecimiento de Iván Fandiño, al que sí he conocido como Torero, me he propuesto no ver en lo posible las salvajadas de muchos animalistas en redes sociales. A pesar de ello, ha sido misión imposible porque los tontos, oficialmente, han ganado: se han propuesto hacerse famosos a base de soltar la ordinariez más gorda y son bastantes los que lo han conseguido. A ver si algún juez valiente hace lo que verdaderamente habría que hacer.

Porque en mi opinión, y pese a no ser especialista ni mucho menos en el tema, el derecho constitucional a la libertad de expresión tiene que dejar de ser el paraguas para estas actuaciones. La libertad de expresión es el derecho de los unos a decir que no les gustan los toros y querrían que se prohibieran, el de otros a expresar que en el toreo ven un arte imprescindible en nuestra historia, el derecho a decir, por ejemplo, si nos gustan o no nos gustan los políticos que nos gobiernan, etc. Pero nunca, nunca, puede ser la excusa para burlarse e insultar a la memoria y a la familia de una persona que ha fallecido de manera trágica haciendo una actividad amparada por nuestra legalidad y, por ende, absolutamente legal.

Vaya desde aquí mi más enérgica repulsa contra esos infraseres que viven la diferencia deseando y celebrando la muerte del diferente. Creen ser más avanzados, creen ser más amigos de los derechos y de las libertades y, sin embargo, no son más que insignificantes dictadores muy necesitados de algo productivo en lo que ocupar sus vidas.

martes, 6 de junio de 2017

Yo he sido pregonero de Pasión

El tiempo templa los sentimientos y difumina los recuerdos, planteando con ello un difícil equilibrio a la hora de contar algo importante que ocurrió en el pasado.

Yo he sido pregonero de Pasión y no he dejado rastro alguno de lo que viví, de lo que sentí. Hacerlo en la semana posterior hubiera sido difícil, dejarlo mucho más dificultaría el relato. Han pasado poco más de dos meses y me empieza a preocupar seguir dejándolo, así que vamos allá.

Lo que para mí ha sido siempre la Hermandad de la Pasión históricamente lo he sabido yo y prácticamente nadie más. Desde el 25 de marzo lo saben algunos más, pues creo que mi pregón no fue más que eso: exponer lo que Pasión y sus Titulares son para mí, lo que han supuesto en mi vida. 

Sentirse pregonero es sentirse importante para un grupo de personas. A pesar de ello, creo que en Almería no hemos sabido darle a esto del pregón la importancia que merece, o a lo mejor es que quienes hemos pronunciado un pregón, en general, no hemos sabido hacernos acreedores de una mayor atención. Pero lo cierto es que escribir un pregón y subirse a un atril a defenderlo tiene un trabajazo tremendo a poco que quien lo haga lo afronte desde la responsabilidad. Yo no imaginaba la cantidad de horas que terminaría dedicando a este asunto.

Mi pregón para Pasión llegó a tener más de 8.000 palabras, aunque felizmente las reduje a poco más de 6.000. Fueron, lo tengo cronometrado, 40 minutos de lectura emocionada de unas palabras que salieron de lo más íntimo de mi corazón trabando emociones, removiendo recuerdos, agrandando afectos y borrando algún que otro desplante.

Me propuse que mi pregón tendría que ser el pregón que nadie más le podrías escribir a Pasión y el pregón que yo mismo no le podría escribir a otra Hermandad. Y lo conseguí, porque fue muy mío y muy Pasión. Tan mío que se me fue un poco de las manos y terminé temblando ante mi audiencia, con la voz esfumada y los ojos inundados. Pero, ¿cómo no iba a asumir ese riesgo si estas cosas pasan una vez en la vida? Y parte de la culpa la tiene mi presentador, Ricardo Salvador, quien con una sencillez exquisita supo rascar donde muy pocos llegan a rascar. Claro, él sabe tanto de mí que en un momento me esbozó tal cual soy, con las cosas que me emocionan.

Eso sí, una vez que se toma la palabra debo decir que viví los 40 minutos más rápidos de mi vida. Es increíble la velocidad con la que pasa el tiempo mientras que lees el texto que con tanto cariño has preparado. 

En definitiva, se trató de algo inolvidable, algo que destacará siempre en mi biografía personal y un regalo enorme que me hicieron los miembros de la Junta de gobierno de Pasión, con quien me propuso a la cabeza, que pensaron que este hermano que ni tan siquiera se había impuesto la medalla podía hacer un pregón, el vigésimo, a la altura de una Hermandad que es santo y seña de la elegancia y el buen gusto en nuestra querida Almería cofrade.

martes, 18 de abril de 2017

Ahí va un hombre sereno

Este texto fue publicado -aunque incompleto- en Diario de Almería el 16 de abril de 2017, Domingo de Resurrección.

Este Martes Santo era tremendamente especial para las cuadrillas de costaleros y costaleras de la Hermandad de la Coronación y su cuerpo de capataces: se ponía fin a un ciclo con la despedida de su capataz, el latas. 14 años al frente del misterio y 11 como capataz general asumiendo también la dirección del palio es tiempo más que suficiente para dejar huella, sobre todo cuando no se anda escaso de carisma.

Porque la vida enseña que hay lágrimas de cocodrilo y hay lágrimas de verdad; y de estas últimas se derramaron muchas el pasado Martes Santo en la Parroquia de Santa María Magdalena. Deja su puesto un hombre sereno, sorprendentemente sereno. El latas es temperamental e inquieto y sin embargo el Martes me pareció el tipo más calmado del mundo, debe ser que se lleva la conciencia tranquila.

Sus cuadrillas le brindaron un emocionantísimo tributo en la intimidad del templo, rozando ya la una de la madrugada. No sé qué regalos se dieron, porque no me acerqué para verlos, ni sé qué palabras se cruzaron, porque no me acerqué para escucharlas; pero fui testigo directo desde la distancia que marca la prudencia de una auténtica piña de emociones donde la voz de alguna costalera trató de alzarse hasta donde la garganta aguantó el pulso de los sentimientos para tratar de expresar lo que ya llevaban toda la tarde gritando unos y otras con su esfuerzo. Pero en esos minutos de discursos y abrazos, me impactó la réplica calmada del capataz saliente. ¡Quién lo diría!

Deja el latas los martillos de Coronación no sin haber sufrido los ataques y las artimañas de quienes han ambicionado hacerse con su puesto (¡qué tendrá un llamador!). Él se va, pero sus pasos siempre han vuelto más que dignamente. Ése será el listón que deberá superar quien le coja el relevo y la medida con la que se le juzgará; y cuando sus fieles se vayan a luchar en otras guerras será interesante ver quién recorrerá casi 6 kilómetros en un oficio que te puede dar la gloria, pero que en ocasiones es terriblemente desagradecido.

Con su traje y su corbata, con esa serenidad que yo no me esperaba, se alejaba el latas de Los Molinos en la madrugada del Miércoles Santo. “Ahí va un hombre sereno”, pensé. Y yo no sé si es, o no, buen capataz: nunca he trabajado a sus órdenes. Pero tengo muy claro que yo siempre, siempre, querría a Francisco Javier Giménez López, el latas, en mi equipo.

viernes, 24 de marzo de 2017

Pregonero de Pasión

A estas alturas y si me lees en cualquier red social ya debes saber que mañana tendré, Dios mediante, el inmenso honor de pregonar a la Hermandad de Pasión, de Almería; Hermandad a la que pertenezco desde 1995, el mismo año de su erección canónica.

Si miro hacia atrás, han pasado 5 meses desde que mi teléfono sonara para proponerme esta bendita locura. Si miro hacia adelante, me queda 1 día para que llegue ese momento tan anhelado como temido; y es que todas las cuentas atrás terminan encontrando su final, incluso la mía.

La verdad es que si antes del pasado 24 de octubre me hubieran preguntado si me veía algún día pregonando a una de nuestras hermandades, creo que hubiera respondido un tímido "ojalá". Y si me hubieran preguntado por Pasión, difícilmente me lo habría podido imaginar. Así que no es que los sueños se cumplan, es que a mí se me va a cumplir si Dios quiere algo que ni me atrevía a soñar. ¡Gracias!

Ahora lo único que deseo es estar a la altura de lo que se me propone y cubrir las expectativas de quienes me hicieron este regalo.

Si te animas, el 25 de marzo a las 20.30 en los salones parroquiales de Santa Teresa un humilde cofrade sin pedigree ni trayectoria estará a punto de tocar el cielo con las manos sobre un atril.

lunes, 9 de enero de 2017

Accidente mortal en la Rambla de Almería.

Ayer, domingo 8 de enero, a eso de las 8.15 de la mañana y en la Rambla de Almería tuvo lugar un accidente de tráfico con resultado mortal.

Según parece, un tipo de 23 años al volante de un todoterreno BMW se llevó por delante a un turismo en el que viajaban una pareja con su bebé. El bebé resultó ileso, su padre presenta pronóstico favorable y su madre falleció en el acto.

El tipo del BMW se saltó un semáforo. ¿Quién no se ha saltado un semáforo alguna vez? Pero el accidente tuvo lugar en el centro de la ciudad. ¿A qué velocidad hay que ir para que una persona que viaja en un turismo moderno fallezca en el acto por un impacto con otro coche? ¿Es posible que esto ocurra si el todoterreno viaja a 50 kilómetros por hora? Como no soy técnico, no tengo ni idea. Pero ya me extraña.

Ahora tenemos a un almeriense que es guardia civil en Mallorca que tendrá que cuidar a su bebé sin el valiosísimo e insustituible concurso de la madre de la criatura; y todo porque un energúmeno sabe Dios a qué velocidad se saltó un semáforo en el centro de Almería a las 8.15 de la mañana de un domingo cuando la familia, tan tranquila y tan feliz como cualquier otra, simplemente pasaba por allí. Es aterrador.

Si pensáramos que estas cosas realmente ocurren seguramente todos cambiaríamos nuestra forma de conducir. A fin de cuentas, llegar 5 minutos más tarde no es importante.