jueves, 25 de junio de 2026

Almería, Málaga, Nueva York

 Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 24 de junio de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Durante los últimos meses la rivalidad futbolística entre Almería y Málaga se ha endurecido hasta niveles que parecían inimaginables. Con el ambiente ya caldeado, únicamente nos faltaba enfrentarnos en la final por el ascenso a Primera División, la que, tristemente, se han llevado los blanquiazules.

Almería y Málaga son, qué duda cabe, dos ciudades cercanas, lo que en fútbol nunca termina trayendo nada bueno. Esos desplazamientos, que deberían ser los más amables para las aficiones por una mera cuestión de cercanía, se terminan convirtiendo en regalos envenenados, pues siempre hay quien decide amargar la fiesta a los demás. Por no alargarlo más, simplemente diré que a mí estas enemistades me parecen de lo más absurdas.

Pero si volvemos a mirar a Málaga, creo que tenemos en ella un espejo en el que mirarnos. Es una ciudad que, en muchísimos aspectos, va muy por delante de la nuestra, pero a la que nos podemos parecer, pues tenemos mucho en común. Tenemos que conseguir dinamizar nuestra ciudad, como lo ha hecho ya Málaga, intentando no caer en sus trampas, que las hay y no son pocas.

El exceso de turistificación y la consiguiente expulsión de los vecinos del centro a barrios de las afueras o a municipios cercanos son preocupaciones que ahora no tenemos en esa dimensión, pero que un desarrollo importante de nuestra economía nos podría traer.

Almería no debe tener complejos. No tienen ningún sentido. Pero debe saber hacia dónde quiere caminar, para lo que siempre será interesante mirar a nuestro alrededor, tomar nota de todo y, a partir de ahí, crecer. Siempre he pensado que lo tenemos todo para ello, por más que las administraciones superiores, quizás también las propias, no terminen de impulsar como deberían el cambio de nuestras comunicaciones. Ya lo hemos comentado por aquí: somos una isla.

Todo esto me recuerda a una anécdota que siempre me hizo mucha gracia. Juan Carlos Navarro, baloncestista español ya retirado, pasó unos años por la NBA, coincidiendo en el tiempo con un joven Lebron James. Se dice que en uno de sus enfrentamientos, le dijo aquello de “me, with your body, Michael Jordan”. Quería decir Navarro que, si él tuviera el físico de James, sería una leyenda del nivel de Jordan. Si nos despojamos de algunos complejos, nosotros también podríamos mirar a los ojos a Málaga y decirle “Almería, con tus conexiones, Nueva York”.

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