Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 24 de junio de 2026.
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Durante los últimos meses la rivalidad futbolística entre Almería y Málaga se ha endurecido hasta niveles que parecían inimaginables. Con el ambiente ya caldeado, únicamente nos faltaba enfrentarnos en la final por el ascenso a Primera División, la que, tristemente, se han llevado los blanquiazules.
Almería y Málaga son, qué duda
cabe, dos ciudades cercanas, lo que en fútbol nunca termina trayendo nada
bueno. Esos desplazamientos, que deberían ser los más amables para las
aficiones por una mera cuestión de cercanía, se terminan convirtiendo en
regalos envenenados, pues siempre hay quien decide amargar la fiesta a los
demás. Por no alargarlo más, simplemente diré que a mí estas enemistades me
parecen de lo más absurdas.
Pero si volvemos a mirar a Málaga,
creo que tenemos en ella un espejo en el que mirarnos. Es una ciudad que, en
muchísimos aspectos, va muy por delante de la nuestra, pero a la que nos
podemos parecer, pues tenemos mucho en común. Tenemos que conseguir dinamizar
nuestra ciudad, como lo ha hecho ya Málaga, intentando no caer en sus trampas,
que las hay y no son pocas.
El exceso de turistificación y la
consiguiente expulsión de los vecinos del centro a barrios de las afueras o a
municipios cercanos son preocupaciones que ahora no tenemos en esa dimensión,
pero que un desarrollo importante de nuestra economía nos podría traer.
Almería no debe tener complejos. No
tienen ningún sentido. Pero debe saber hacia dónde quiere caminar, para lo que
siempre será interesante mirar a nuestro alrededor, tomar nota de todo y, a
partir de ahí, crecer. Siempre he pensado que lo tenemos todo para ello, por
más que las administraciones superiores, quizás también las propias, no terminen
de impulsar como deberían el cambio de nuestras comunicaciones. Ya lo hemos
comentado por aquí: somos una isla.
Todo esto me recuerda a una anécdota
que siempre me hizo mucha gracia. Juan Carlos Navarro, baloncestista español ya
retirado, pasó unos años por la NBA, coincidiendo en el tiempo con un joven
Lebron James. Se dice que en uno de sus enfrentamientos, le dijo aquello de “me,
with your body, Michael Jordan”. Quería decir Navarro que, si él tuviera el
físico de James, sería una leyenda del nivel de Jordan. Si nos despojamos de
algunos complejos, nosotros también podríamos mirar a los ojos a Málaga y
decirle “Almería, con tus conexiones, Nueva York”.
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