Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 8 de julio de 2026.
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Los almerienses andamos recibiendo en estos días la oportuna
notificación con la tremenda subida a la Tasa por la prestación del servicio de
gestión de residuos de competencia municipal, esto es, la basura de toda la
vida. Son notificaciones que vienen con susto en la mayoría de los casos, pues
los nuevos importes acarrean una subida notable de este tributo. Y esta vez la
culpa no es solo del Ayuntamiento, parece que esto se remonta a la Unión
Europea. Se viene a exigir que, en municipios de más de cinco mil habitantes,
se repercuta el 100% del coste del servicio a los contribuyentes. Ah, la
repercusión.
Abrir el debate de qué servicios públicos se deben repercutir
al 100%, como costes individualizados, a los contribuyentes y usuarios puede
ser tan interesante como complejo. En realidad, el 100% de lo público se
termina repercutiendo a lo privado, pues no hay otro sitio de donde sacar. El
problema empieza cuando los gestores de lo público ven en los contribuyentes a
pobres vacas a las que ordeñar o, mejor dicho, riquísimas vacas a las que
estrujar.
La recientemente cerrada campaña de la Renta nos deja un
diagnóstico similar, con unas cifras de auténtico récord: más declarantes que
nunca, más recaudación también. Pero la deuda sigue creciendo y los servicios
públicos siguen menguando: mientras lo público cada vez recibe más para,
tristemente, no llegar a coser sus heridas, en la parte privada las señales
resultan confusas. Porque sí, hay quien lo tiene bien montado, se ve que la
gente sigue teniendo iniciativa para montar negocios… pero ya nada es lo que
era: los hogares se resienten en su economía doméstica, en su capacidad de
ahorro, en lo que cuesta llenar el frigorífico o alargar unas vacaciones.
¿Se saciará en algún punto el sector público que nos rodea?
A día de hoy, lo veo muy difícil. Los compromisos que se adquieren son cada vez
mayores y las corruptelas no parecen decrecer. Uno mira de reojo a otros
países, por ejemplo de Sudamérica, y recuerda la frase del sabio Recuenco: “poco
a poco y después de golpe”. Ojalá pronto nos dirija alguien con el coraje
suficiente para poner fin a esta deriva, alguien capaz de estructurar de verdad
el gasto público y ajustar la recaudación a lo que realmente se necesite. Solo cuando
los gobernantes dejen de vernos como el animal a ordeñar dejaremos de
empobrecernos de esta manera.
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