jueves, 3 de septiembre de 2026

El final del verano

Llega septiembre y no puedo evitar pensar en cuánta gente andará estos días despidiéndose de su amor de verano. Ah, la mera expresión ya tiene un hondo sabor a nostalgia. Qué bien lo cantaba el Dúo Dinámico: “el final del verano llegó y tú partirás”.

Son los de verano amores inmaculados, sin mancha, sin grandes desafíos, sin retos y sin apenas malos momentos, que quedan danzando en una especie de limbo de la memoria, a medio camino entre el mito y la realidad, allí donde todo es fantasía y las cosas vuelan, como flotando en la ingravidez, porque no pesan. Y no creo que sea una cuestión de edad, que aquí hay sitio para todos. Para todos los disponibles, al menos. Y, en el fondo, tanto da tener quince años, por seguir con el Dúo Dinámico, que sesenta y cinco o los que surjan. Yo mismo, fiel a mi costumbre de llegar tarde a casi todo, conocí esta vivencia a una cierta edad. Cada biografía es el resultado de tantas variables que no podemos cerrar la puerta a las sorpresas.

Estos amores, tan propios del verano y de las películas sobre la Navidad, suelen dejar un grato, gratísimo recuerdo que en modo alguno empaña el curso verdadero de la vida, que trasciende a estas fantasías y es mucho más concreto y tangible, felizmente también verdadero y hermoso. 

Eso que les decía de que son amores sin grandes desafíos o retos, evidentemente no es algo con lo que se pueda calificar al amor de nuestras vidas, que es una realidad mucho más compleja. Por supuesto, sí, con retos y desafíos, pero también con frutos que van mucho más allá de lo idílico y fantasioso: una vida compartida, los logros compartidos, acaso los hijos y nietos. Como se nos suele enseñar, lo que de verdad merece la pena suele requerir esfuerzo.

En estos días en que anochece notablemente antes y, quizás, incluso empieza a refrescar cuando el sol ya desapareció por el horizonte, no puedo evitar mirar con una sonrisa a esos enamorados, chiquillos de cualquier edad, que están a las puertas de una despedida que, aunque dolorosa, con el tiempo será un bonito recuerdo y una experiencia más de cara a lo que la vida les tenga preparado a la vuelta de la esquina.

Si a usted, que ahora me lee, le toca experimentar este trance en los próximos días, vívalo sin anestesia, que es como se ha de vivir. Y confíe en el tiempo que, como escribió Cervantes, “suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.


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