La visita del presidente de Ceuta, Juan Vivas, al Hormiguero refuerza la impresión que me había hecho sobre él. Y es que Ceuta y Melilla están ahí, muy cerca de Andalucía, pero a una inevitable distancia. Seguramente por ello, hasta ahora, no le había prestado más atención a Juan Vivas de la que habré prestado, por ejemplo, al alcalde de Jaén. Pero ahora que todos hemos puesto la mirada en esta ciudad al sur de España y norte de África, no puedo evitar ver en Juan Vivas a un tipo sosegado, respetuoso y capaz de llevar sobre su espalda la dignidad de todo un pueblo. Y no de un pueblo cualquiera, sino del dignísimo pueblo de Ceuta.
Este señor se ha encontrado una situación que quizás tenía
por posible, pero con matices que le hubieran resultado increíbles por
imposibles. Por citar algunos: que el presidente del Gobierno, que acudió a
Ceuta el día siguiente de que se desatara esta invasión, optó por irse de
vacaciones inmediatamente después. Y, dice Juan Vivas, no han vuelto a hablar.
Se ha encontrado también con un ministro del Interior que aseguró que se
quedaría en Ceuta hasta que se restableciera la normalidad y huyó tan rápido
como pudo. Las declaraciones posteriores de ambos hablando de “situación
estructural” o “miedos subjetivos” no ayudan.
Pero hay más elementos del todo increíbles y coincidentes en
el tiempo. Cuando durante las últimas semanas varios altos cargos del Reino de
Marruecos han venido a reclamar su soberanía sobre Ceuta y Melilla, desde
nuestro Gobierno se sigue hablando de Marruecos como un aliado fiel y seguimos
adelante con la organización de todo un Mundial de fútbol con ellos. Mundial del
que, para más inri, parece que la final se jugaría en el propio país africano.
¿Me puede alguien explicar cómo vamos a organizar un Mundial con un país del
que nuestros políticos, esencialmente de izquierdas, esgrimen que sus
ciudadanos deben huir mientras ese mismo país pone en duda nuestra integridad
territorial? ¿De verdad es oportuno seguir enviando millones y millones de
euros al país que, en dicho Mundial, acogería la final en detrimento de España?
La actitud y el discurso de Juan Vivas contrastan, en todo,
con los de Pedro Sánchez y sus ministros, que andan tan lejos de la dignidad
del primero. Algo parecido le ocurre, por cierto, al líder de la oposición, que
no sabemos muy bien dónde anda. Ojalá más tipos como Juan Vivas en nuestra
política.
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