Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 14 de enero de 2026.
Con el tiempo, uno llega a la conclusión de que la toma de
decisiones suele estar mal pagada.
En estos días en los que millones de personas se conectan a
Netflix y no son capaces de elegir una película antes de quedarse dormidos, lo
que nos encanta es criticar a quienes, por el motivo que sea, tienen que tomar
decisiones más enjundiosas.
Una de las cuestiones más complejas a la hora de decidir
es que raramente se dispone de la información justa, correcta y precisa
para hacerlo. Pensemos, por lo reciente del asunto, en las pasadas cabalgatas
de Reyes y la lluvia. Adelantar, no adelantar, suspender… la carta de
posibilidades es amplia, pero lo que se maneja para tomar una decisión crucial
no es más que una previsión meteorológica, algo lo suficientemente volátil como
para dejar margen a la improvisación. Eso, y las cuestiones logísticas, quiere
uno pensar.
No pocos municipios almerienses decidieron adelantar sus
cabalgatas al día tres, sábado, y el peso de esas medidas empezó a caer sobre
la capital. Entre bambalinas hubo runrún de adelantamiento, pero la cosa no
cuajó y la ciudad no parecía preparada para ello. El ruido de fondo, sin
embargo, siguió en las redes sociales, que funcionan a las mil maravillas para
esto.
Luego estaban los partidarios de adelantar y curarse en
salud; los que opinaban que los Reyes Magos siempre llegan la tarde-noche del
cinco de enero y que eso es sagrado; y los que ni sabían ni contestaban.
También estaba la previsión de lluvia, muy negativa para la tarde del cinco,
pero con un hueco esperanzador por la mañana. En ese contexto —y supongo que
asesorados por personas de distintos ámbitos— la decisión del Ayuntamiento de
Almería fue adelantar… pero dentro del propio día cinco, a las doce del mediodía.
El resultado ya es sabido: cientos de comentarios en
internet, maldiciones varias, las clásicas apelaciones a los niños —que ya
vaticinaron Los Simpson— y mucho ruido. Y la cabalgata en la calle,
aunque con agua. Por cierto, en Granada la decisión fue muy similar y los
comentarios se movieron en proporciones bastante más amables hacia el órgano
decisor. Porque, casi se me olvida, también están los que, haga lo que haga la
persona de turno, la van a criticar o alabar por una cosa o por la contraria.
Esos, por supuesto, los hay en todos los bandos.
En fin, menos mal —para algunos— que el cinco por la tarde
llovió a base de bien.
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