jueves, 23 de abril de 2026

Almería, una isla

   Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 22 de abril de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

La ristra de cancelaciones e importantes retrasos que viene acumulando el vuelo que une Almería y Sevilla en las últimas semanas vuelve a poner el foco sobre nuestras comunicaciones con el resto del mundo. Y es que pasan los años, pero la vida sigue igual. Y lo cierto es que los almerienses tampoco nos levantamos en armas, precisamente. Vivimos en esa resignación a la que tanto nos han acostumbrado.

Con líneas de tren y avión absolutamente disfuncionales, llegamos a la conclusión de que Almería es, prácticamente, una isla. No solo está en una esquina geográfica del mapa español, sino que está poco o mal unida con las capitalidades que más le podrían afectar, como son Sevilla y Madrid. Si a ello le sumamos cancelaciones recurrentes, retrasos habituales y sobrecostes constantes, la cuestión es desmoralizante, da igual por dónde se mire.

Quizás Ayuntamiento y Diputación deberían plantearse una concejalía o un área de insularidad. Igual que tenemos las propias de despoblación rural o de agricultura, podríamos tener a personas competentes ocupadas a fondo en esta materia que ya es de máxima preocupación para todos. Salir de Almería a cualquier sitio es una aventura; y esta rémora la padecen tanto ciudadanos como empresas, que llevan el motor gripado. Perdemos capacidad de movernos, de influir, de posicionarnos.

Imaginen que Cristóbal Cervantes, que viene reclamando públicamente solución a este problema desde Sevilla, fuera nuestro Diputado provincial de insularidad. Podría teletrabajar desde Sevilla, tratar de presionar allí, desplazarse a Madrid cuando fuera necesario —desde Sevilla lo haría con mucha más facilidad que desde Almería— y podría calentarle la cabeza a quien corresponda, ya sea a ministros o a los jerifaltes de Iberia, Aena, Renfe, Adif…

En fin, pobre Cristóbal, en menudo berenjenal se iba a encontrar. El caso es que él es una de las voces más reconocidas que hacen ruido con este asunto que, por otro lado, a nuestros políticos y representantes, que lo sufren en parte, parece importar poco. O será que pesan más otros intereses. Con lo fácil que debería ser tener gobernantes que atendieran a los problemas de su pueblo y no a los de su partido.

Quienes sí que llegan puntualmente a nuestra costa y, por tanto, a nuestra provincia, son las narcolanchas y las pateras. La línea invisible que nos une a lo mejor del Norte de África sí funciona. Qué panorama.

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