jueves, 16 de abril de 2026

La gran primera vez

  Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 15 de abril de 2026.

                                                                                                                            Versión en web: clic aquí.

Las primeras veces son siempre especiales. En todo. También en lo que usted está pensando. Pero, por ser la primera, suelen ser torpes, suelen admitir mejoras.

A veces ocurre que uno empieza a pensar y sabe dónde empieza pero no sabe dónde acaba. Algo así me pasó el otro día, cuando empecé a pensar que por primera vez voy a participar en la Feria del Libro de Almería, en la que firmaré ejemplares de mi libro —si alguien tiene a bien que lo haga— el próximo sábado por la tarde. El caso es que de ahí salté a que, en realidad, todo lo relacionado con mi libro está siendo una bonita primera vez: la primera vez que escribo algo así, la primera que lo publico, la primera que lo presento, etc.

Pero fui más allá en esa reflexión: nuestra vida, en sí misma, es una gran primera vez. Sí, salpicada de muchas repeticiones, de muchos días aparentemente intrascendentes empapados de rutina; pero una enorme primera vez. Y es que, en muchos momentos, hemos de tomar decisiones que nos marcarán para siempre. También nos pasarán cosas, ajenas a nuestra voluntad, que tendrán una huella profunda en todo nuestro futuro terrenal. Cómo somos, cómo gestionamos nuestros días, cómo construimos nuestras relaciones… son asuntos a los que nos enfrentamos sin experiencia previa y sobre cuyas sendas tendremos que caminar inexorablemente.

Hay personas que parecen saberlo todo sobre el arte de vivir, pero salvo que sean casos de reencarnación con experiencia previa, créame, están en la misma primera vez que usted. Quizás por ello deberíamos mirarnos todos con algo más de empatía, con misericordia. Si bien hay cosas que son objetivamente como son, no vayamos a caer en relativismos absurdos, muchas otras se prestan a la opinión que se nutre de la perspectiva de cada cual, de la experiencia de cada quien, de la intención de cada uno.

Y a todo esto, y sigo con aquello del pensamiento, le podemos añadir un corolario y es que la vida es nuestra gran primera vez y, salvo prueba en contrario, también la última. Sorprenden por ello la cantidad de momentos perdidos a cuenta de un enfado absurdo, la cantidad de experiencias aplazadas por cosas insignificantes, la cantidad de felicidades que se fueron al traste sin saber cómo ni por qué. Al final de tanta reflexión, podría reducir lo reflexionado en aquello que, hace ya unos años, cantaban las Azúcar Moreno: “solo se vive una vez… 1, 2, 3, ¡caramba!”.

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