Columna Relojes de arena publicada originalmente en Diario de Almería, el 22 de julio de 2026.
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Con la llegada de la imagen de Santa María Magdalena a la
Hermandad del Resucitado allá por marzo, ando ahora más cerca de esta santa
cuya festividad celebramos hoy. Y que la Iglesia celebre su día como fiesta
grande ya es algo sobre lo que reflexionar. No en vano, durante siglos esta
santa ha cargado con la etiqueta de pecadora, lo que de alguna manera condicionó
la forma de mirarla. Felizmente, en los últimos años se ha visto despojada de
esa fama por los estudiosos del Evangelio. Siendo esto cierto, la ficción
literaria le ha hecho también de las suyas, cargando a este personaje bíblico
con un morbo que, probablemente, no le correspondía y que, si le hubiera
correspondido, tampoco hubiera pasado nada.
Es curioso cómo en la vida, demasiadas veces, determinadas
personas reciben etiquetas con las que cargan ya para siempre, por injustas que
sean. Una vida mal contada puede ser un verdadero problema. Por el contrario, la
fama de esta santa ha sido repuesta recientemente y para la Iglesia tiene ya una
importancia capital. No en vano, lo que sí tenemos los católicos por cierto es
que fue ella la primera testigo de la Resurrección de Cristo. Y si esto fue
así, qué duda cabe de que no pudo ser fruto de la casualidad, sino que sería
una opción tomada por el propio Resucitado.
El hecho de que una mujer fuese testigo directa de la
Resurrección, al ser la primera en encontrarse con Cristo vivo tras su muerte,
es algo llamativo que se termina
convirtiendo en uno de los principales argumentos de carácter lógico para
sostener la veracidad de la Resurrección. ¿Qué clase de embaucador iba a
intentar colarnos a esta mujer como testigo de la Resurrección en un tiempo
donde las mujeres no contaban para absolutamente nada? Si los evangelistas lo
cuentan así, ha de ser necesariamente porque así lo vivieron.
María de Magdala acumula a lo largo del Evangelio momentos
de cercanía y de máxima fidelidad con ese Cristo que decidió darle la buena
noticia antes que a nadie. También momentos que nos dejarán desconcertados,
como el tantas veces representado en el arte “Noli me tangere”. Además de todo lo fascinante que le es
inherente, encontramos en esta mujer el atractivo de la buena fama recuperada,
que se refleja en la belleza de obras de arte como la que podemos admirar en
nuestra Parroquia de Montserrat. Una historia de lealtad en vida y de fama
recuperada en el tiempo.
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